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Envido - Revista de política y ciencias sociales (1970-1973)

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Conferencia de prensa de Puiggrós, interventor en la UBA, el 17/07/73, publicado en Militancia Nº 7, 26/07/73
Ricardo Puiggrós - Historia crítica de los partidos políticos. 2 tomos

 

Rodolfo Puiggrós

Por Delia Carnelli y Marcela Le Bozec

“En verdad, mi acción política, mi inspiración ideológica son propias y el resultado de muchos años de luchas, de sacrificios y sobre todo, de meditación autocrítica. Tal vez si a algún exégeta o biógrafo se le ocurre en el futuro examinar mis treinta y seis libros, las cinco publicaciones que fundé y dirigí, y mi evolución política, descubrirá que no me quedé estancado y que permanentemente traté de ver más claro en los destinos del hombre y en el porvenir de la Argentina. De modo que, detrás de lo que hago y escribo en México no hay más que una persona: yo mismo. Claro está que el `yo mismo' significa leer y actuar para recoger y devolver. Ni la soledad ni la autosuficiencia absolutas existen, felizmente.” (1)

Una caracterización somera de Rodolfo Puiggrós, no podría dejar de definirlo como un eminente y original pensador nacional, educador, periodista, militante popular y polemista brillante, hacedor de una prolífica obra que se reactualiza en el espíritu libertario latinoamericano y en cada lucha social.

Transcurría el año 1906 cuando el presidente argentino Manuel Quintana fallecía durante su mandato. Su vicepresidente, José Figueroa Alcorta, pasó a desempeñar la primera magistratura e iba a ser el encargado de presidir los festejos del primer centenario de la Revolución de Mayo escenario de ostentación de la sociedad porteña engalanado por la figura de la Infanta Isabel, y cuyos ecos resonarían en Europa para corroborar la frase “más rico que un argentino”. En ese contexto de la pujante Buenos Aires, resultado de políticas centralistas y de la intensa actividad agroexportadora, nació Rodolfo Puiggrós, el 19 de noviembre de 1906 en el número 1320 de la calle Independencia, límite de los actuales barrios de Constitución y Monserrat. Su padre, José Puiggrós, natural de Rubió, era integrante de una familia perteneciente a la antigua nobleza catalana, que dejó huellas de su paso por Cataluña en un pueblo epónimo. Su casa natal, según referencias de personas bien informadas tenía alrededor de 900 años. José, después de haber servido a la Corona en la guerra de Filipinas, se estableció en Buenos Aires a principios del Siglo XX. Allí, se casó con la descendiente de una familia de la burguesía catalana, Margarita Gaviria. En Argentina, se dedicó al comercio y la consignación de hacienda. El “primer hijo, primer sobrino y primer nieto” (2) pronto debería compartir atenciones con cuatro hermanos, también varones. El reacomodamiento de los vínculos familiares producido por la llegada de los hermanos, los recurrentes cambios de domicilio y, según él, cierto autoritarismo paternal, junto a crecientes diferencias de concepción sobre la vida misma, llevó a definir a su situación hogareña como dentro de una “atmósfera familiar represiva” (3) y a su familia, como llevando“una gris y mediocre existencia” (4). Luego de terminar sus estudios primarios en el antiguo “Colegio Charlemagne”, fue internado como pupilo junto a sus tres hermanos menores en el colegio “Carmen Arriola de Marín” de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, en San Isidro, Provincia de Buenos Aires. Serían, a su juicio, el conjunto de esas vivencias las que determinaron su “carácter retraído y hosco”(5).


Homenaje a Rodolfo Puigrrós. TV UNLa

Al cumplir veinte años viajó con su padre por España, Portugal, Bélgica, Holanda, Escandinavia y llegaron hasta la URSS, en plena consolidación de la revolución bolchevique, acontecimiento que marcó a fuego su personalidad y desde ese momento la cuestión del protagonismo obrero comenzó a ser un tema que despertó su curiosidad y ocupó su interés durante toda su vida.

Vivió dos años en París y dos en Londres, período durante el cual comenzaría a nutrirse de las discusiones políticas e ideológicas europeas de la época, tanto como de las obras referidas a las ciencias sociales, economía y filosofía, y en especial las concernientes al marxismo. El haber vivido esos años en el corazón de Europa le dió la posibilidad de extender su competencia lectora en otros idiomas: durante toda su vida leería ávidamente las obras de su interés en inglés, francés, italiano, o portugués.

Los anhelos familiares con respecto a su porvenir lo encauzaban paulatinamente hacia el estudio de las ciencias económicas “mientras menospreciaban los valores humanos y de la cultura, los atraían los de la ciencia y la tecnología”, opinaba de su familia (6), razón por la cual abrazó la carrera de Economía en la Universidad de Buenos Aires, que rápidamente abandonó, inclinándose por su faceta de periodista y escritor. Es así, que con sólo veintidós años fundó la publicación periódica porteña “La Brújula”, de la cual fue director desde 1928 hasta 1932. Durante los años 1932 y 1933, trabajó como editorialista del diario “Rosario Gráfico”, oportunidad en que se relacionó con el gran pintor Antonio Berni, quien en su libro Escritos y papeles privados relató algunas graciosas peripecias compartidas con su amigo. Durante 1935 y 1936, fue el director del diario “El Norte” de Jujuy. Estos fueron los primeros pasos en su profesión como periodista, quehacer que matizó con la docencia para poder subsistir, la investigación histórica y la militancia política dentro del Partido Comunista.

Hacia el final de la década de 1930, decenio de grandes convulsiones políticas nacionales e internacionales, comienza la divulgación de su obra, que a lo largo de su vida comprendería alrededor de treinta y cinco libros sobre filosofía, economía, política e historia, además de innumerables artículos, editoriales y folletos. En 1940 editó sus primeros libros: 130 años de la Revolución de Mayo; De la colonia a la revolución y La herencia que Rosas le dejó al país. Con ellas inició la etapa de historiador de los procesos nacionales y sus actores, desde una perspectiva de análisis rigurosa y original al aplicar el método científico de la historia, considerando las causas económicas como las primeras en los fenómenos sociales pero sin soslayar la influencia que en ellos tiene la ideología, la filosofía, la religión, la política. “No soy un “hechólogo”, decía soy pensador”

En 1938 fundó la revista Argumentos y la dirigió hasta 1941.


Rodolfo José Puiggrós nació el 19 de noviembre de 1906 en Buenos Aires y murió el 12 de noviembre de 1980 en La Habana, Cuba. Escritor, historiador, periodista y político. Sus restos fueron inhumados en México y luego trasladados a la Argentina en 1987.

Por aquella época hizo pública su simpatía por el incipiente movimiento popular que, nucleado en torno a la figura del entonces Coronel Perón, prometía encarnar las aspiraciones de la clase obrera, circunstancia que le valiera en 1945 la expulsión del Partido Comunista. Desde el año 1946 a 1955 se desempeñó como Director del periódico “Clase Obrera”.

Por aquel entonces, una de las publicaciones más importantes de la Argentina, el diario “Crítica” lo contaba también entre sus colaboradores. Desde 1938 hasta 1955 compartió esa tribuna con personalidades como Roberto Arlt, Nicolás Olivari, Enrique y Raúl González Tuñón, Jorge Luis Borges, Carlos de la Púa, Conrado Nalé Roxlo, Eduardo Guibourg, César Tiempo y Homero Manzi, entre otros. Desde sus páginas hostigó al fascismo italiano mientras expresaba su apoyo a los republicanos españoles y hasta se animó a denunciar los fusilamientos de 1955.

En la década del 50, viajó a Bolivia y a Perú donde desarrolló su tarea de periodista, y como académico ejerció la docencia en la Universidad de San Marcos (Perú) y en la Universidad de San Javier (Bolivia), siendo ya un estudioso de los movimientos populares de Latinoamérica. En sus anotaciones manuscritas inéditas aparecen frases que señalan: “Bolivia: clave del cono sur”, posición que refrendaba desde sus testimonios orales cuando invitaba a observar con atención los procesos sociales bolivianos como paradigmáticos, por las condiciones de explotación infrahumanas a las que eran sometidos los trabajadores de las minas del altiplano.
Con la aparición en 1956, de su libro Historia crítica de los partidos políticos en la Argentina, se inicia desde su obra el abordaje de problemáticas más actuales. Empero, la Argentina de los gobiernos dictatoriales era un ámbito incompatible con su accionar: llegó entonces el primer exilio a México, país donde el fenómeno de la conquista española y la resistencia de la cultura aborigen, parecían mostrarse con mayor nitidez. Desde su nueva residencia, se volcó a la investigación de esta problemática, atendiendo especialmente a su relación con los modos de producción. Desde este punto de vista es, sin duda, el período más rico de su historiografía: en 1961 publicó La España que conquistó al nuevo mundo y Génesis y desarrollo del feudalismo, en 1965; en Los orígenes de la Filosofía (1962) describió y fundamentó la naturaleza materialista y no idealista de sus comienzos, como se sostenía teóricamente hasta el momento. En ese mismo año fundó, junto a otras personalidades, el diario “El Día”, que sería luego, uno de los periódicos más importantes de México y donde se desempeñaría como editorialista hasta 1978.
Su reconocida trayectoria y nivel teórico pudieron expresarse también desde la cátedra: fue Consultor Adjunto en La Sorbonne (Francia); en la UNAM, profesor titular de “Historia Económica” en la Facultad de Economía, y de “Antropología Filosófica de América Latina” e “Historia Económica” en la Facultad de Ciencias Políticas. Cargos obtenidos por reconocimiento a su labor intelectual que enriquecía permanentemente con lecturas actualizadas. Tan es así, que sus allegados decían refiriéndose a él: “Donde va Rodolfo, crea una biblioteca”.

Puiggrós y la Triple A en la prensa de la época

Diario "El Patagónico", miércoles 25 de septiembre de 1974

El ex rector R. Puiggrós pidió asilo en la embajada mexicana

BUENOS AIRES, (NA).- El ex rector interventor de la Universidad de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós, amenazado de muerte por una organización que ya se adjudicó varios asesinatos políticos, se asiló anteanoche junto con su esposa en la embajada de México, y aguardaba el salvoconducto del gobierno argentino para emprender viaje a ese país.

Puiggrós, un intelectual de izquierda que asumió el control de la Universidad durante el gobierno del ex presidente Héctor Cámpora, se presentó a las 23 en la residencia del embajador mexicano Celso Delgado Ramírez, en la calle Arcos 1650, solicitando asilo político el que según se supo luego, le fue concedido casi de inmediato.

Curiosamente, la primera noticia del pedido de Puiggrós se tuvo en Buenos Aires por vía de las agencias noticiosas extranjeras, que en despachos procedentes de México, daban cuenta de la novedad.

Según uno de esos despachos, la solicitud de asilo de Puiggrós llegó a la cancillería azteca a las 3.43 de ayer, y enterado de inmediato de ello el presidente Luis Echeverría, impartió instrucciones para que se accediera al pedido, y se gestionara de inmediato del gobierno argentino un salvo conducto que permita al ex-rector abandonar el país.

La noticia provocó la inmediata movilización de los medios periodísticos porteños que convergieron hacia el domicilio de la familia Puiggrós, en la calle Cangallo 1671, piso 15, departamento B, donde nadie respondió a los insistentes llamados de los cronistas. Los vecinos se mostraron poco dispuestos a informar nada, y solo uno de ellos aventuró que "el doctor Puiggrós no vive aquí desde hace dos meses".

Lo último fue corroborado luego por allegados al ex rector quienes señalaron que aquel había cambiado varios domicilios en las últimas semanas, con el propósito de eludir la posibilidad de un atentado.

Los periodistas que acudieron a la sede de la embajada, calle Posadas 1031, no obtuvieron mejores resultados, y en cambio debieron soportar algunas molestias de parte del personal policial destacado en el lugar.

Todas las indagaciones sobre la eventual presencia de Puiggrós en esa sede diplomática - hasta entonces se ignoraba que se hallaba en la residencia del embajador- chocaron con la negativa de los pocos empleados presentes, junto con la afirmación de que nada se podía informar por no encontrarse en la casa ningún funcionario de jerarquía diplomática.

Nota

BUENOS AIRES (Telam).- El embajador de México en nuestro país Celso Humberto Delgado Ramírez, dirigió en la mañana de ayer una nota a la cancillería argentina informando que el rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós, solicitó asilo en esa representación diplomática.

Posteriormente, ya en horas de la tarde, el mismo diplomático dio a conocer un comunicado vinculado con dicho episodio.

Expresa textualmente: "Ayer, 23 de setiembre de 1974, por instrucciones de mi gobierno concedí asilo en los términos de las convenciones de La Habana del 28 de febrero de 1928; de Montevideo del 26 de diciembre de 1933 y de Caracas del 28 de marzo de 1954 al señor Rodolfo Puiggrós Gaviría y a su esposa, Delia Judith Carelli de Puiggrós, ambos de nacionalidad argentina".

Respuesta de la Cancillería

BUENOS AIRES (Telam).- El ministro de Justicia Antonio Benítez, interinamente a cargo de la Cancillería, entregó ayer la respuesta a la comunicación del embajador de México Celso Delgado Ramírez, acerca del asilo concedido a Rodolfo Puiggrós y a su esposa señalando que "mi gobierno no considera que se hayan configurado en este caso las condiciones de hecho que norman el derecho de asilo".

Benítez recibió a las 18:30 al diplomático azteca a quien entregó una nota exponiendo la posición sustentada por el gobierno en el caso.

La respuesta Argentina subrayó que "los ciudadanos citados gozan de todos los derechos legales que amparan a los habitantes del país, encontrándose en pleno ejercicio de los mismos, por el imperio de las disposiciones constitucionales.

Consecuentemente, destacó a vuestra excelencia que "mi gobierno no alcanza a comprender la interpretación que se ha hecho en el caso presente, de los principios que rigen la concesión del derecho de asilo".

La Nota

El texto de la respuesta del canciller interino, ministro de Justicia Benítez, es la siguiente:

"Tengo el agrado de hacer referencia a su comunicación de fecha 23 del actual por la que me informaba haber concedido asilo, en los términos de las convenciones de La Habana de 1928, de Montevideo de 1933 y de Caracas de 1954, al señor Rodolfo Puiggrós Gaviría y a su esposa, doña Delia Judith Carnelli de Puiggrós.

"En este sentido debo manifestar a vuestra excelencia que mi gobierno no considera se hayan configurado en este caso las condiciones de hecho que norman el Instituto del Derecho de Asilo." Asimismo señaló que "en el caso presente se estima deben aplicarse las normas consuetudinarias en razón de no encontrarse vigente para la República Argentina las convenciones invocadas".

Finalmente agregó que "para mejor conocimiento del señor embajador le hago saber que no existen orden de detención alguna ni, según información del Ministerio de Cultura y Educación, se ha promovido acción judicial y si tan solo se ha dispuesto por parte del rector normalizador de la Universidad de Buenos Aires una investigación administrativa contable. No obstante ello, se ha dispuesto que las autoridades competentes colaboren con el señor embajador para permitir los desplazamientos que estime que el caso pueda requerir.

"Saludo a vuestra excelencia, con mi más distinguida consideración".

Desde México, país al que lo unían entrañables lazos, fue invitado a visitar China. En Argentina no había logrado ejercer, prácticamente, ningún cargo remunerado, sin embargo fue convocado frecuentemente a debates, exposiciones y ponencias por parte de la comunidad académica de las casas de altos estudios del país: por ejemplo en la Universidad Nacional de la Plata, de Córdoba, de Tucumán, de Cuyo.

También fueron notorias sus aptitudes como polemista: los debates teóricos con André Gunder Frank con respecto a los modos de producción imperantes en América Latina, publicados en “El Gallo Ilustrado” revista dominical del diario “El Día”, despertaron el interés académico en distintas latitudes. Desde un estilo inflexible, explicaba su posición con respecto a que “América debe a España su incorporación al proceso general de desarrollo de la humanidad a través de un feudalismo agonizante en la época del nacimiento del capitalismo” (7). En tanto, su oponente sostenía la concepción de las sociedades duales (capitalistas-feudales), insertando al capitalismo desde el momento mismo de la conquista. Posteriormente, la transcripción de estos debates fueron incluídos en el Tomo II de América Latina en transición (1970) con el título “Los modos de producción en Iberoamérica”.

En 1965 se publicaron: Integración de América Latina. Factores Ideológicos y Políticos; y Pueblo y Oligarquía. Desde este último incorporó como perspectivas de análisis los adjetivos nacional, popular y revolucionario, términos que servirían de herramienta para el reconocimiento de nuestra historia por parte de las generaciones protagonistas de los grandes movimientos populares y sociales que como “el Mayo francés”, “Tlatelolco” o “el Cordobazo”, que daban cuenta del nuevo panorama político planetario. “La Universidad, la prensa, entrelazadas con el sindicato obrero: he aquí tres instituciones modernas, hijas de la eterna lucha del hombre por la libertad. Las tres instituciones más odiadas por las tiranías, las que cuando no consiguen someterlas, las arrasan. Son las que están dando héroes y mártires al futuro de nuestra América” (8). En este contexto, es preciso mencionar que contaba entre sus amigos a Juan Perón, Omar Torrijos, Gabriel García Márquez, Arturo Jauretche, José Hernández Arregui, entre otros destacados intelectuales y políticos.

La religión fue desde siempre materia de su interés: en 1966 publicó Juan XXIII y la tradición de la Iglesia, donde ubicaba a la religión como un fenómeno social explicando su correspondencia con un determinado orden socioeconómico. En ese año regresó a Buenos Aires durante las vacaciones. Para su sorpresa no se le renovó la visa para retornar a México. Conjeturó algunas hipótesis, que iban desde los motivos políticos a los recelos profesionales, pero nunca logró obtener información fehaciente para corroborarlas. Se estableció en Buenos Aires y en 1967 publicó Las izquierdas y el problema nacional. De 1968 son Las corrientes filosóficas y el pensamiento político argentino y La Democracia fraudulenta. Estaba a punto de dejar de ser “peronólogo”, para convertirse en peronista, como él mismo describía. Mantuvo una intensa comunicación epistolar con el General Perón, a quien visitó en varias oportunidades en su residencia de Puerta de Hierro, en el exilio español. Los unían las concepciones comunes acerca de la Patria Grande Latinoamericana y las luchas por la Liberación. En este contexto es conveniente agregar que ambos crearon en abril de 1971 el Movimiento de Solidaridad Latinoamericana (M.A.S.L.A.), del cual el Presidente era el General Perón y Secretario General Rodolfo Puiggrós, siendo su colaborador más importante al Mayor Bernardo Alberte. Dicha fundación se realiza con la convicción de que “es la lucha misma la más efectiva y eficaz forma de ejercitar la solidaridad con los revolucionarios que combaten en cualquier rincón de nuestra América o del mundo” (9). Según declarara el escritor al periodista del diario El Alcázar de Madrid, el 15 de abril de 1971, esta creación surgió “a raíz de hechos como los acontecimientos bolivianos de noviembre del 69” y de haber asistido él “a la toma de posesión del Presidente Allende….en representación del General Perón y del movimiento peronista”. Ante el protagonismo popular de esa época señalaba: “conceptuar la realidad y no meramente conceptuar conceptos, como lo hizo siempre la agónica izquierda tradicional, es el mayor salto cualitativo que ha dado el movimiento obrero revolucionario” (10).

En ese mismo año el ex Presidente le prologó su libro El peronismo. Sus causas, que tuvo amplia repercusión.

En la Argentina, el descontento popular precipitaba el llamado a elecciones aunque con ciertas restricciones. “Cámpora al gobierno Perón al poder”, era la consigna que ilustraba el triunfo del gobierno popular en 1973, el cual ponía en marcha una serie de medidas diametralmente opuestas al régimen anterior. En medio de la efervescencia de aquellos días, Rodolfo Puiggrós fue nombrado Rector Interventor de la UBA el 31 de mayo y la UBA pasó a denominarse “Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires”. Desde allí sostenía: “se terminó eso de la universidad libre pero a espaldas del pueblo (…) No habrá revolución tecnológica sin revolución cultural” (11). En una de sus disposiciones se declaraba la “incompatibilidad entre cargos docentes y desempeño jerárquico en empresas multinacionales…” (12)

En una de sus declaraciones manifestó que “debemos tener en cuenta que aunque las universidades no hacen la Revolución, en cambio de su seno pueden salir los revolucionarios”(13) Y con ese espíritu se pusieron en marcha Las 90 medidas más importantes de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires en los primeros 90 días de gobierno universitario. En junio de 1973 el Rector- Interventor Puiggrós les ofreció al ensayista Arturo Jauretche y al periodista Rogelio García Lupo “reflotar el perfil original de EUDEBA”, la editorial universitaria de Buenos Aires. Ambos, entre otras acciones, promovieron la edición de la colección “Las Revoluciones”, que desarrollaba las historias de las revoluciones populares como la chilena, la peruana o la peronista. Otra de las medidas importantes que tomó Puiggrós fue la creación del Instituto del Tercer Mundo, motivo por el cual y por su carácter de Rector de la UNPBA el presidente de Argelia lo invitó a asistir a la “4ta. Cumbre de Países No Alineados”, que se desarrolló en Argel durante ese año.

Pero las medidas encaminadas a una reestructuración de los resortes del poder asumidas por los gobiernos populares, resultaban una amenaza para los intereses de Estados Unidos y las empresas transnacionales, tal como les había sucedido con la experiencia cubana.

“No veo por qué debemos quedarnos mirando cómo un país se vuelve comunista por la irresponsabilidad de su pueblo”, manifestaba el entonces secretario de Estado Henry Kissinger, refiriéndose al caso chileno, mientras la CIA intentaba diversas estrategias de desestabilización que iban desde el boicot económico o la infiltración en los diferentes estamentos sociales para invitar al descontento, hasta la asistencia militar que desembocara en el propio golpe de estado. En tanto, en la Argentina, el pragmatismo del gobierno iba mutando el rumbo inicial, que luego de la muerte de Perón, pasó a convertirse en el prolegómeno de lo que sería la etapa más sangrienta del país. Las amenazas personales y familiares a Rodolfo Puiggrós, se tornaban cada día más factibles: llegaba el momento de su segundo exilio. Otra vez camino hacia su muy querido México, país solidario con cientos de argentinos que debieron partir en busca de asilo político. De ahora en más, emprendería una intensa tarea política además de su trabajo profesional como periodista en el periódico “El Día” y académica como docente universitario en la UNAM o como panelista en diferentes Congresos y Foros internacionales. Fue nombrado Miembro fundador de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe, en 1974. Un año después, se fundó el COSPA (Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino) que integró junto con otros destacados políticos, como Ricardo Obregón Cano. Puiggrós fue miembro Fundador del Comité de Solidaridad Latinoamericana, junto a renombradas personalidades como Gabriel García Márquez, Pablo González Casanova y Carlos Quijano. Fundamentalmente se realizaban tareas de solidaridad con los movimientos revolucionarios de América Latina y del resto del mundo y de homenaje a grandes figuras del pasado, como Manuel Ugarte, Augusto Sandino, Ernesto Che Guevara.

En el COSPA se desarrollaban actividades culturales, de asesoramiento, pero sobre todo de contención a la comunidad argentina en el exilio. Ejemplo de ello fue “La Casa del Niño”, que ofrecía un espacio de participación a los niños latinoamericanos.

Pero el objetivo era el regreso a una patria democratizada y por ello se apelaba a la comunidad internacional para desenmascarar el accionar de los miembros y colaboradores del “Proceso” y su política entreguista afianzada por la vía del terrorismo de Estado. “El exilio nos agrandó la Patria”, sostenía. En esta etapa realizó numerosos viajes por el continente: Venezuela, Colombia, Panamá. En el año 1978 ofició como jurado en el Concurso de Casa de las Américas en La Habana. Ese mismo año viajó a Europa: España, Francia, Holanda, Bélgica y Suecia, donde tomó contacto con el exilio latinoamericano. En 1979 llegó hasta Nicaragua y Costa Rica. Participó como miembro del Consejo Asesor Latinoamericano de Radio Noticias del Continente y un año después fue designado miembro del Tribunal Permanente de los Pueblos de Centroamérica, dependiente de la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos en Centroamérica, con sede en San José. También en 1980, formó parte del Consejo Asesor de la Editorial Patria Grande. En ese mismo año tuvo el propósito de retomar un antiguo proyecto y comenzar a escribir un libro que resumiría la historia del Siglo XX, al que iba a denominar El hijo del inmigrante, y que ya tenía delineado en su cabeza hacía mucho tiempo.

Sin embargo, la muerte frustró su propósito. A los 73 años, el 12 de noviembre de 1980, falleció luego de una semana de ser ingresado en el Hospital “Cira García” de la Habana, dedicado a la atención de los extranjeros radicados o visitantes de Cuba.

Hoy, la vigencia de sus ideas nos obliga a recuperar su pensamiento para replantear el rol de las instituciones educacionales y como Universidad Urbana Comprometida, reinstalar en nuestra sociedad su discurso libertario.



Comunicado Movimiento Peronista Montonero, 18 de marzo 1980. Clic para descargar

“América Latina y la Argentina para salir del atolladero tiene que pensar y actuar en función de América Latina, necesita poseer, para ponerse a la altura de la humanidad que nace, una ideología revolucionaria propia, es decir viva y creadora, que se nutra de la ciencia y la experiencia mundiales para superarlas, pero que sea el fruto de los gérmenes específicamente latinoamericanos.

No seremos libres de verdad y no salvaremos de la pobreza y la ignorancia a millones de latinoamericanos, mientras esa ideología revolucionaria nuestra no se adueñe de las masas trabajadoras y las haga artífices de las grandes transformaciones sociales. El colonialismo ideológico siempre acompaña al colonialismo económico y la liberación económica no es posible sin la liberación ideológica.

La creación de esa ideología que interprete las leyes de nuestro desarrollo histórico y las tendencias progresistas y emancipadoras de las masas laboriosas es, a mi entender, la tarea más apremiante y primordial que tenemos por delante los argentinos y los latinoamericanos.” (14)

Citas Bibliográficas

(1) Rodolfo Puiggrós: Carta a su hermano Oscar, escrita en México, con fecha 26 de febrero de 1975
(2) Anotación manuscrita inédita
(3) Ibíd.
(4) Ibíd.
(5) Ibíd.
(6) Ibíd.
(7) PUIGGRÓS, Rodolfo. La España que conquistó al Nuevo Mundo. México: Costa-Amic, 1976. 5ª.ed.
(8) Anotación manuscrita inédita.
(9) Ibíd.
(10) Ibíd.
(11)Declaraciones a “El Descamisado” Buenos Aires 3/6/73. En: PUIGGRÓS, Rodolfo. La Universidad del Pueblo. Buenos Aires: Crisis, 1974.
(12) PUIGGRÓS, Rodolfo: La Universidad del Pueblo
(13) PUIGGRÓS, Rodolfo: Declaración a “El Día” de México, el 30 de enero de 1976
(14) PUIGGRÓS, Rodolfo. Las izquierdas en el proceso político argentino (Extraído del reportaje realizado por Carlos Strasser).La Educación en nuestras manos, Edición Especial (Año VII): p. 50-54

[Imagen de la Muestra Pensamiento y Compromiso Nacional, Palais de Glace, Buenos Aires 17 de marzo - 10 de abril 2011]


Rodolfo Puiggrós, designado interventor de la Universidad de Buenos Aires por el gobierno de Héctor Cámpora, asume el cargo. Una de sus primeras medidas fue restituir el título de Doctor Honoris Causa de la UBA al general Perón, derogando la resolución de 1955 por la que se había dejado sin efecto el otorgamiento anterior y que habían suscripto José Luis Romero e Ismael Viñas.


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El baúl del pensamiento nacional

Archivo Rodolfo Puiggrós

Por Daniel Enzetti

Son 50 cajas con documentos, conferencias, borradores de libros y textos, en muchos casos inéditos, que su mujer Delia Carnelli donó a la Universidad de Lanús y que están siendo digitalizado por el Archivo Nacional de la Memoria para su consulta.

Apuntes manuscritos, borradores de libros, documentos, actas de asambleas en el Partido Comunista, papeles referidos a Juan Domingo Perón, recortes subrayados y conferencias brindadas en el exterior es solo parte de un material que perteneció al escritor Rodolfo Puiggrós al que Tiempo Argentino tuvo acceso exclusivo, en medio de un proceso de digitalización que está llevando a cabo el Archivo Nacional de la Memoria.

Se trata de casi 50 cajas con textos que en muchos casos son inéditos –salvados de la destrucción de la Triple A y de la dictadura militar que asaltó el poder en 1976–, gracias a la mujer del pensador, Delia Carnelli, que escondió todo y logró que sobreviviera a razias, exilios, mudanzas y algunos otros peligros más domésticos, como la humedad y el deterioro por el paso del tiempo.

El archivo de uno de los cuadros más lúcidos de la resistencia peronista abarca desde la década del 40 hasta su muerte en 1980. Pero también hace alusión a momentos anteriores que lo marcaron para siempre, como por ejemplo el viaje que a los 20 años realizó por Bélgica, Holanda, Portugal, España y sobre todo la Unión Soviética, en plena revolución bolchevique. Antesala de una formación intelectual que después arrancaría con sus estudios de Economía, la incursión en el periodismo y sus primeros libros: 130 años de la Revolución de Mayo, De la colonia a la revolución, y La herencia que Rosas le dejó al país.


Militancia Nº 17, 04/10/73. El fin de la primavera camporista y la derechización del gobierno peronista. La colección de la revista Militancia puede descargarse de los sitios amigos Ruinas Digitales y El Topo Blindado

“Él era secretario comunista hasta que se fue del partido en 1946 –sostiene Delia a Tiempo–, y siempre se encargaba de redactar los apuntes de las reuniones. Son informes hasta hoy desconocidos, que ayudarían a reconstruir muchas cosas de aquella época”. Se refiere a la renuncia del intelectual al PC, disgustado por la actitud que tomaron sus autoridades al adherir a la Unión Democrática en medio del surgimiento de Perón como nuevo líder de masas.

Los papeles que ahora se conocen públicamente, donados por Delia a la Universidad Nacional de Lanús, llevan ya tres años de preparación y clasificación, y recorren distintos acontecimientos de aquellos años. Se puede ver una convocatoria dirigida especialmente a los militantes comunistas que apoyaban al peronismo; artículos escritos para Clase Obrera que se creían perdidos; declaraciones para boletines internos del MOC (Movimiento Obrero Comunista); trabajos sobre Filosofía y Religión subrayados por el escritor y tomados como base para sus propios libros; e investigaciones referidas al petróleo, los ferrocarriles y las reservas energéticas.

Puiggrós y el peronismo. “Al principio él se llamaba ‘peronólogo’, peronista fue después”, sostiene Delia, afiliada con Puiggrós al movimiento en 1972. Y agrega: “Uno de los materiales más valioso de las cajas es el relacionado con Perón, antes y después de su derrocamiento en 1955, y la manera en que aportó todo lo que pudo a la resistencia que empezó en esa década.” Entre las muchas cosas destacadas de esta parte del archivo se encuentra una copia que Puiggrós conservaba del artículo “¿Y ahora, Coronel?”, escrito por Rodolfo Walsh en Azul y Blanco en 1958; un poema redactado a máquina de Raúl González Tuñón titulado “A las armas”; los documentos “Apoyatura sobre organización revolucionaria” y “Bases informativas para la resolución de los problemas tácticos”; un ejemplar original del artículo “Cuando nos prestan con nuestra propia plata”, del ex diputado justicialista Diego Muñiz Barreto, asesinado en 1977; apuntes sobre José López Rega; y una extraña perla: varios minutos de una vieja cinta magnetofónica donde se escucha la voz del general, en un registro de agosto de 1971.

La pareja se conoció en 1967, cuando “mi tía María Luisa Carnelli –agrega Delia–, compañera de militancia de Rodolfo, nos presentó sin imaginar que después seguiríamos juntos”. A partir de ese momento, Delia se convirtió en su mujer y su secretaria personal. Pasaba en limpio los borradores de los libros, lo ayudaba a corregir notas periodísticas, le daba una mano con sus conferencias, y mientras tanto, clasificaba y archivaba. Puiggrós venía de un matrimonio anterior y vivía en México desde 1960. Había fundado varios diarios (como El Día, donde redactó editoriales hasta 1978), era un respetado columnista político, se dedicaba a la docencia y de a poco crecía como investigador. “Cuando nos vimos por primera vez, estaba en el país visitando a sus hijos y a varios amigos, y de repente, sin que nadie diera alguna explicación, las autoridades mexicanas le prohibieron regresar. No podíamos entenderlo. Tuvo que empezar de nuevo porque no conseguía trabajo en ningún lado, era un exiliado económico.”

Enseñaba marxismo, daba clases de Historia, y se las arreglaba para esquivar las amenazas de la derecha peronista, antecesora de lo que después se convertiría en la fuerza de choque de la Triple A. A ese período corresponden, también conservados dentro de esta colección, varios originales de Puiggrós escritos a máquina, entre los que se destacan los artículos “Perón no pasó a la historia, está en la historia” (El Día de México, 18 de julio de 1974); “El problema de la revolución nacional justicialista”; y “La renta de la tierra en la Argentina”.

Delia explica: “Conservé todo durante 40 años, hasta que dije basta, esto hay que ordenarlo para que pueda ser consultado por cualquiera. Entonces, después de clasificarlo por áreas, lo doné a la Universidad de Lanús, donde trabajé durante varios años como traductora y asesora de biblioteca. Me ayudó mucho la rectora de la UNLa, Ana María Jaramillo, y el Archivo Nacional de la Memoria también es clave en esto, porque ellos están armando la versión digital última.”

Durante el acto de clausura del Congreso de los Hombres de Buena Voluntad el 21 de octubre de 1951, y delante de Perón como presidente de la Nación, Puiggrós tuvo la responsabilidad de brindar el discurso final. La versión taquigráfica de puño y letra de ese día también forma parte del material. Que, por otro lado, contiene cursos dados en universidades, informes redactados para el Movimiento Argentino de Solidaridad Latinoamericana (MASLA), declaraciones de apoyo al socialismo después del asesinato de Salvador Allende en Chile, conferencias, entrevistas de Puiggrós a Perón, y otras efectuadas por distintos periodistas y militantes al propio escritor, como la que le hace Tomás Saraví.


Historia de un “argenmex” montonero. En medio de la efervescencia camporista, el 31 de mayo de 1973 Puiggrós fue nombrado rector interventor de la UBA, que pasó a llamarse Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires. “Se terminó eso de la universidad libre pero a espaldas del pueblo, no habrá revolución tecnológica sin revolución cultural”, fue lo primero que dijo, antes de firmar una disposición que declaraba la “incompatibilidad entre cargos docentes y desempeño jerárquico en empresas multinacionales”. Como parte de lo conservado por Delia, el archivo muestra apuntes desconocidos relacionados con aquellas medidas –casi un centenar, a pesar del corto lapso de gestión–, enmarcadas dentro de un contexto que el mismo docente describió al llegar al cargo: “Debemos tener en cuenta que, aunque las universidades no hacen la revolución, en cambio, de su seno pueden salir los revolucionarios.” Entre esas iniciativas se recuerdan dos: la tarea encargada a Rogelio García Lupo y Arturo Jauretche de “reflotar el perfil original de EUDEBA” con una serie de trabajos dedicados al pensamiento nacional, y la creación del Instituto del Tercer Mundo, que motivó que el entonces rector fuera invitado por el presidente de Argelia a la Cuarta Cumbre de Países No Alineados de ese año 1973.

“No habían pasado muchos años de cuando nos conocimos –recuerda Delia–, pero influenciada por Rodolfo, yo ya estaba convencida de mi apoyo al peronismo, aunque mi familia no lo aceptara. De cualquier manera, debo decir que mi madre terminó apreciándolo mucho, lo llamaba ‘mi querido yerno’”.

Con la muerte de Perón, y la carta blanca de la Triple A para cazar seres humanos en la calle, Puiggrós pasó a ocupar uno de los primeros lugares de la lista. Delia explica que “el clima era insostenible, y veíamos que caían compañeros todos los días. Rodolfo Ortega Peña, Julio Troxler, Atilio López, Silvio Frondizi, el hijo de Raúl Laguzzi. Oscar, el hermano de Rodolfo, era de derecha, pero se llevaban bien. Lo primero que nos dijo fue que pidiéramos asilo, y pensamos en México, por los contactos que él conservaba en ese lugar. Los pasaportes estaban vencidos, pero la embajada accedió, y después de dos días de tenernos refugiados, pudimos viajar el 24 de septiembre de 1974.”

Buena parte de los textos que se están digitalizando para su consulta libre tienen que ver con el paso de Puiggrós por ese país, un lugar “solidario por excelencia –afirma Delia–, y en donde además de argentinos había chilenos, uruguayos y nicaragüenses. A Rodolfo se le ocurrió armar un Comité de Solidaridad Latinoamericana, que llegó a incorporar 14 países y en el cual aportaba mucho Gabriel García Márquez”.

Además de notas periodísticas en El Día, el archivo guarda informes publicados en la revista Sucesos, investigaciones para la Universidad Nacional de México, columnas aparecidas con el seudónimo de “Alfredo Cepeda”, y una serie de entrevistas a distintas personalidades de la política y la literatura, como Vicente Solano Lima, Oscar Alende, Blas Alberti, Bernardo Alberte, Américo González, el general Juan José Torres, Alberto Asseff y Jorge Abelardo Ramos.

“Muchas cosas se pudieron salvar gracias a que mi familia las guardó durante los peores años de la represión –comenta–, arriesgando la vida. La verdad es que el grupo familiar no aguantaba que yo fuera peronista, y que encima Rodolfo militara en el Peronismo Revolucionario. ‘¿Es montonero? Bueno, ya se le va a pasar’, me cargaban (se ríe), pero por suerte el material estuvo a salvo de cualquier cosa.” Y finaliza: “Yo sufrí mucho con la muerte de Néstor Kirchner, tan inesperada, y la comparo con el golpe que me produjo la de Rodolfo. Por eso, no estando él, lo que quiero es que se conozca toda la producción que generó. Fue uno de los intelectuales más importantes que dio este país.”

Intelectual que sostuvo, en un manuscrito inédito: “Mi acción política y mi inspiración ideológica son propias, y el resultado de muchos años de luchas, de sacrificios, y sobre todo, de meditación autocrítica. Tal vez si a algún exégeta o biógrafo se le ocurre en el futuro examinar mis 36 libros, las cinco publicaciones que fundé y dirigí, y mi evolución política, descubrirá que no me quedé estancado, y que permanentemente traté de ver más claro en los destinos del hombre y en el porvenir de la Argentina.” <

Tía comunista entre Siqueiros y Diego Rivera

Informe confidencial del coronel mexicano Marcelino Inurreta, 31 de diciembre de 1948: “En conversación tenida el día de ayer por uno de nuestros agentes con elementos conectados íntimamente con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, se juzgaba como improcedente y fuera de los métodos comunistas mexicanos actos de sabotaje, y menos que dichos pintores, que profesan ideas marxistas, fueran a dirigirlos.”

En plena Guerra Fría, era común que los servicios de inteligencia aztecas, el Estado Mayor Presidencial (EMP) y la Dirección Federal de Seguridad (DFS) husmearan la vida privada de los artistas plásticos, como parte de un grupo que incluía también a Frida Kahlo y a distintos cuadros del comunismo mexicano. Y que, a fuerza de seguimientos e informes de buchones, identificaran los lugares donde se juntaban las que consideraban “células peligrosas”. Como por ejemplo “La casa de María Luisa Carnelli”, centro de “reuniones de carácter político-comunistas”, según el reporte del coronel de Infantería Santiago Piña Soria del 1 de junio del mismo año. Lugar muy frecuentado, además, por Jesús Nava, Carlos Graef, Juan Ortega Arenas, José Ledesma y Juan Grijalvo.

Cuadro destacado del PC en la Argentina, Carnelli, la tía de Delia, había nacido en La Plata en 1898. Fue periodista de Caras y Caretas, cantora de tangos, y amiga (y después pareja) de Enrique González Tuñón. Trabajó con el poeta Carlos de la Púa (Carlos Muñoz) y los hermanos De Caro. Con el seudónimo de Mario Castro para firmar algunas composiciones, María Luisa le puso letra a “Moulin Rouge”, “Primer agua” y “Se va la vida”. Sus textos reos fueron cantados por Azucena Maizani, Agustín Magaldi y Carlos Gardel.

Se desempeñó como corresponsal durante la Guerra Civil Española y frecuentó un círculo mítico de personalidades de la época, entre las que se encontraban la fotógrafa Tina Modotti (estrella del cine mudo), el comandante Carlos Contreras, Pablo Neruda, Rafael Alberti, André Malraux y Ernest Hemingway.

23/01/12 Tiempo Argentino


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Rodolfo Puiggrós en la UBA acompañado por Arturo Jauretche, presidente de Eudeba
 

El archivo de Rodolfo Puiggrós

Por Ramón Torres Molina
Presidente del Archivo Nacional de la Memoria. Profesor adjunto de Rodolfo Puiggrós (UBA-1974).

Un investigador riguroso. Un profesor didáctico. Un político consecuente que interpretaba la realidad argentina con su sólida formación teórica. Eso fue Rodolfo Puiggrós.

En enero de 2011, sus herederos entregaron al Archivo Nacional de la Memoria la documentación que contiene su archivo. También lo hizo la Universidad Nacional de Lanús en abril de 2010 con los documentos de Rodolfo Puiggrós que tenía en su poder. El fondo documental contiene artículos escritos por Puiggrós publicados en distintos medios, entre los que predominan los que aparecieron en el diario El Día de México, sus originales mecanografiados, artículos inéditos y artículos referidos a las Universidades, en particular a la Universidad de Buenos Aires, de la que fue rector interventor en 1973, además de su correspondencia. También se encuentran documentos del Movimiento Obrero Comunista que fundó cuando encabezó una disidencia en el Partido Comunista, al oponerse a la participación del partido en la Unión Democrática de 1946, entre ellos su órgano oficial, la revista Clase Obrera.


Entrevista Adriana Puiggrós por Eduardo Aliverti, Radio Nacional, 30/11/14.

Entre esa documentación se encuentran el original de la única novela escrita por Puiggrós (su primer libro), publicada con el seudónimo de Rodolfo del Plata en 1928, y el Álbum de Viaje correspondiente al extenso recorrido que realizó en Europa cuando alcanzó a llegar a la Unión Soviética en la primera década de la Revolución de Octubre. Rodolfo Puiggrós fue un profundo conocedor de la historia argentina y del feudalismo medieval. Autor de más de 20 libros sobre temas históricos y políticos, textos que muchas veces fueron reelaborados. Se destacan entre ellos los referidos a la época de la Revolución de Mayo, a Mariano Moreno y su obra clásica, y la Historia Crítica de los Partidos Políticos Argentinos, publicada en 1956.

Fue un precursor del análisis de la historia argentina desde el marxismo, como antes lo había hecho José Ingenieros. Pero Puiggrós tenía un profundo conocimiento de la historia argentina y de la teoría marxista, y por eso los resultados fueron diferentes. Fue un revisionista histórico con características muy particulares, ya que consideraba que Rosas sostenía una política reaccionaria, sin tomar en cuenta su nacionalismo, como lo hace el resto del revisionismo. En esa interpretación se adelantó a la que años después hizo Arturo Sampay. Fue un revisionista anti rosista. O, en todo caso, fue un revisionista en su interpretación de la historia argentina del siglo XX.

Periodista, fundó en 1938 la revista Argumentos, y en años posteriores el periódico Clase Obrera. Fue colaborador habitual de los periódicos mexicanos, principalmente de El Día. Mantuvo recordadas polémicas, entre otras con Andre Gunder Frank en la prensa mexicana sobre los modos de producción en América Latina.

En la década de 1930 fue un militante comunista, adhiriendo desde el Movimiento Obrero Comunista al peronismo. Participó en la resistencia peronista. En sus últimos años, en su exilio mexicano, formó parte del Movimiento Peronista Montonero.

Parte de su extensa obra, difundida en periódicos y revistas, la conforman documentos que permiten analizar la evolución de su pensamiento y el testimonio de sus luchas políticas, pueden estudiarse a través de su archivo, que se encuentra en proceso de restauración, conservación, clasificación y digitalización, y será abierto a la consulta de los investigadores.

23/01/12 Tiempo Argentino


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Rodolfo Puiggrós, su obra

Además de innumerables artículos y folletos, Rodolfo Puiggrós es autor de unos treinta y cinco libros sobre filosofía, economía, política e historia que enumeramos cronológicamente a continuación. (En letra granate se señalan los títulos que la biblioteca tiene disponibles para su consulta)

130 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO. Buenos Aires: A.I.A.P.E, 1940.
DE LA COLONIA A LA REVOLUCIÓN. Buenos Aires: A.I.A.P.E, 1940. 1a ed.; Buenos Aires: Lautaro, 1943, 2a.ed.; Buenos Aires: Partenón, 1949, 3a. ed.; Buenos Aires: Leviatán, 1957, 4a. ed.; Buenos Aires: Carlos Pérez, 1969, 5a. ed.; Buenos Aires: CEPE, 1974, 6a. ed.
LA HERENCIA QUE ROSAS DEJÓ AL PAÍS. Buenos Aires: Problemas, 1940.
MARIANO MORENO Y LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA ARGENTINA. Buenos Aires: Problemas, 1941.
LOS CAUDILLOS DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO. Buenos Aires: Problemas, 1942 1a. ed. ; Buenos Aires: Corregidor, 1971 2a. ed.
EL PENSAMIENTO DE MARIANO MORENO. Selección y prólogo de Rodolfo Puiggrós, Buenos Aires: Lautaro, 1942.
ROSAS EL PEQUEÑO. Montevideo: Pueblos Unidos, 1944 1a. ed.; Buenos Aires: Perennis, 1954 2a. ed.
LOS UTOPISTAS. Buenos Aires: Futuro, 1945.
LOS ENCICLOPEDISTAS. Buenos Aires: Futuro, 1945 1a. ed.; Buenos Aires, s/n, 1946 2a. ed.
HISTORIA ECONÓMICA DEL RÍO DE LA PLATA. Buenos Aires: Futuro, 1945 1a.ed.; Buenos Aires: s/n, 1948, 2a. ed.; Buenos Aires: Arturo Peña Lillo Editor, 1966, 3a. ed.; Buenos Aires: Arturo Peña Lillo Editor, 1973 4a. ed.; Buenos Aires: Arturo Peña Lillo Editor, 1974 5a. ed.
LA ÉPOCA DE MARIANO MORENO. Buenos Aires: s/n, 1949 1a. ed.; Buenos Aires: Sophos, 1960 2a. ed.
HISTORIA CRÍTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS ARGENTINOS. Buenos Aires: Argumentos, 1956 1a. ed.; Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965 2a. ed.
LIBRE EMPRESA O NACIONALIZACIÓN DE LA INDUSTRIA DE LA CARNE. Buenos Aires: Argumentos, 1957 1a. ed.; Buenos Aires: s/n, 1973 2a. ed.
EL PROLETARIADO EN LA REVOLUCIÓN NACIONAL. Buenos Aires: Trafalc, 1958 1a. ed.; Buenos Aires: Sudestada, 1968 2a. ed.
LA ESPAÑA QUE CONQUISTÓ AL NUEVO MUNDO. México DF: B. Costa-Amic Editor, 1961 1a. ed.; Buenos Aires: Siglo XX, 1965 2a. ed.; Buenos Aires: Corregidor, 1974 3a. ed.; México DF: B. Costa-Amic, 1976 4a. ed.; México DF: B. Costa-Amic, s/d 5a. ed.
LOS ORÍGENES DE LA FILOSOFÍA. México DF: B. Costa-Amic Editor, 1962 1a., 2a. y 3a. ed.; México DF: B. Costa-Amic Editor, 1977 4a. ed. (Aparecida bajo el título EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA).
GÉNESIS Y DESARROLLO DEL FEUDALISMO. México DF: Trillas,1965 1a. ed.; Buenos Aires: Carlos Pérez, 1969 2a. ed. (Aparecido bajo el título LA CRUZ Y EL FEUDO); Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1972 3a. ed. (Aparecido en los dos últimos capítulos denominados: “EL FEUDALISMO Y LA ECONOMÍA MERCANTIL” y “LA CRISIS DEL ORDEN CRISTIANO-FEUDAL” del libro titulado EL FEUDALISMO MEDIEVAL.
LOS MODOS DE PRODUCCIÓN EN IBEROAMÉRICA (POLÉMICA CON EL PROF. ANDRÉ GUNDER FRANK). Inicialmente publicado en el periódico “El Día” de México en 1965. Aparecido luego en el 2o. tomo de AMERICA LATINA EN TRANSICIÓN, en el año 1970.
PUEBLO Y OLIGARQUÍA. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965 1a. ed.; Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1969 2a. ed.; Buenos Aires: Corregidor, 1972 3a. ed.; Buenos Aires: Corregidor, 1974 4a. ed.; México DF: Patria Grande, 1980 5a. Ed.
EL YRIGOYENISMO. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965 1a. ed.; s/d: 1970 2a. ed.; s/d: 1971 3a. ed.; s/d: 1972 4a. ed.; Buenos Aires: Corregidor, 1974 5a. ed.
INTEGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA. FACTORES IDEOLÓGICOS Y POLÍTICOS. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965.
JUAN XXIII - LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1966.
LAS IZQUIERDAS Y EL PROBLEMA NACIONAL. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1967 1a. ed. (Publicada como el 3er Tomo de LA HISTORIA CRITICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS ARGENTINOS); Buenos Aires: Carlos Pérez, 1971 2a, ed.; Buenos Aires: CEPE, 1973 3a. ed.
LAS CORRIENTES FILOSÓFICAS Y EL PENSAMIENTO POLÍTICO ARGENTINO. Buenos Aires: IPEAL, 1968.
LA DEMOCRACIA FRAUDULENTA. Buenos Aires Jorge Álvarez, 1968 1a. ed.; Buenos Aires: Corregidor, 1972 2a. ed.
ARGENTINA ENTRE GOLPES. Buenos Aires: Carlos Pérez, 1969 (Los artículos incluidos fueron originalmente publicados en el diario “El Día” de México, desde julio de 1962 hasta junio de 1966).
EL PERONISMO: SUS CAUSAS. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1969 1a. ed.; Buenos Aires: Carlos Pérez, 1971 2a. ed.; Buenos Aires: CEPE, 1972 3a. ed.; Buenos Aires: CEPE, 1974 4a. ed. (En esta última edición se incluyó un prólogo del General Juan Domingo Perón).
AMÉRICA LATINA EN TRANSICIÓN. Buenos Aires: Juárez Editor, 1970. Tomo I: POPULISMO Y REACCIÓN EN BOLIVIA Y BRASIL; Tomo II: DE LAS GUERRILLAS COLOMBIANAS AL PETRÓLEO DE VENEZUELA (Artículos publicados en el diario “El Día”, de México, entre 1963 y 1967)
ADÓNDE VAMOS, ARGENTINOS. Buenos Aires: Corregidor, 1972.
HISTORIA CRÍTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS ARGENTINOS. Buenos Aires: Hyspamérica, 1986. Tomo I, Primera parte: PUEBLO Y OLIGARQUÍA y Segunda parte: EL YRIGOYENISMO; Tomo II, Tercera parte: LAS IZQUIERDAS Y EL PROBLEMA NACIONAL; Tomo III, Cuarta parte: LA DEMOCRACIA FRAUDULENTA y Quinta parte: EL PERONISMO. SUS CAUSAS, Como Prólogo de la obra completa aparece el prólogo de Pueblo y oligarquía.
ORIGEN Y DESARROLLO DEL PERONISMO (Conferencia), Buenos Aires: ISAL- MISUR. Grupo de Base, Misión Urbana Rural, Buenos Aires, 1973.
UNIVERSIDAD DEL PUEBLO. Buenos Aires: Crisis, 1974.
LA ARGENTINA EN LA DECADA DE LOS TREINTA. México DF: Universidad Autónoma de México, 1977 (Artículo aparecido en el libro “AMERICA LATINA EN LOS AÑOS TREINTA”, cuyo coordinador fue Pablo González Casanova)
LAS IZQUIERDAS EN EL PROCESO POLÍTICO ARGENTINO. Reportaje preparado por CARLOS STRASSER. Contestan varios intelectuales, entre ellos Rodolfo Puiggrós. Buenos Aires: Editorial Palestra, 1959.
SANDINO Y LA LIBERACIÓN DE AMERICA LATINA. México DF: Editorial Solidaridad, 1976. (Conferencia editada por el Comité Mexicano de Solidaridad con el Pueblo de Nicaragua)
TRES REVOLUCIONES. Ciclo de Mesas Redondas sobre temas políticos organizado por la Facultad de Derecho y el Centro de Derecho y Ciencias Sociales (F.U.B.A.). Rodolfo Puiggrós escribió una colaboración que debía ser presentada en la Mesa Redonda III en el año 1955 pero no llegó a realizarse.
Además de la bibliografía precedente, Rodolfo Puiggrós escribió 720 artículos editoriales en el periódico “El Día” de la ciudad de México en el período comprendido entre el 26 de agosto de 1974 hasta el 13 de octubre de 1978.

PERIODISMO

Fundador y director de la revista “Brújula” (1928-1932)
Director del diario “El Norte” de Jujuy (1935-36)
Fundador y director de la revista “Argumentos” (1938-1941)
Director del periódico “Clase Obrera” (1946-1955)
Editorialista del diario “Rosario Gráfico” (1932-1933)
Editorialista del diario “Critica” (1938-1955)
Fundador y editorialista del periódico “El Día” (1962-1965 y 1974-1978)

Fuente: Universidad Nacional de Lanús www.unla.edu.ar



Conducción de Montoneros en 1974. De izquierda a derecha: Vaca Narvaja, Perdía, el cura Elvio Alberoni, Firmenich (Pepe), Puigrrós,
Obregón Cano, Pereyra Rossi


Se debate Argentina en la descomposición social

Por Albino Moctezuma

Periódico "El Día", México, Miércoles 10 de Diciembre de 1975.-

Cuatro destacados argentinos asilados en México, tras exponer el panorama general que vive su país, revelaron que el imperialismo norteamericano ha desatado en Argentina una guerra total contra todo lo que sea movimiento organizado; "hay una situación de descomposición social".

Los doctores Rodolfo Puiggrós (colaborador de este diario), Raúl Laguzzi (a quien la Triple A en un atentado le mató a su pequeño hijo), -ambos ex rectores de la Universidad de Buenos Aires- Ricardo Obregón Cano y el licenciado Julio Suárez (representante para América Latina del Partido Peronista Auténtico, dieron una conferencia de prensa ayer para hablar de la formación del nuevo partido peronista y del presente y futuro de Argentina.

El doctor Puiggrós comenzó por decir que la violencia en su patria no fue desatada por el peronismo, "sino contra el peronismo".

Asimismo denunció que la Triple A (grupo terrorista de derecha) es protegida por la minoría que usurpó el poder, a cuyo frente se encuentra Isabel Martínez, y que asesina diariamente a 5 o 10 de los hombres de la corriente progresista, principalmente a los jóvenes.

Informó que hasta septiembre de este años, ese grupo llevaba dos mil crímenes, para asentar ante la violencia no hay otro recurso que oponer la violencia.

Puiggrós delató también la complicidad del actual gobierno argentino con sus vecinos y similares dictaduras de Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Brasil, y relató que entre todas ellas se han sellado pactos y la Argentina hasta ha entregado asilados políticos a Chile y Uruguay.

También dijo que existe una campaña, en la que son cómplices los grandes diarios, contra el Tercer Mundo y contra la política del gobierno del presidente Echeverria. Manifestó que los efectos de esa campaña se reflejaron en el atentado al consulado de México en su país, anteayer.

Más adelante, al hablar del recientemente constituído Partido Peronista Auténtico -el 16 de noviembre pasado- expresó que desea la unidad nacional. "No estamos por la violencia, pero tampoco pondremos la otra mejilla si nos golpean una."

Queremos, puntualizó, el orden social, pero no el de los monopolios, sino el de las grandes masas de trabajadores, porque ellas quieren un auténtico gobierno peronista, aspiran al socialismo nacional que surja de la realidad argentina.

El doctor Laguzzi, por su parte, denunció que algunos de los dirigentes del PPA han sido encarcelados y que son: el presidente Oscar Bidegain, Antonio Lombardice, Hugo Vaca Narvaja y la señora Medina de Peña, asimismo abogó por la libertad del ex rector interino de la Universidad de Buenos Aires, Ernesto Villanueva, sentenciado a seis años de prisión.

Julio Suárez en su intervención redondeó un poco más la situación de su país. Manifestó que la lucha del pueblo contra esta dictadura se lleva a cabo en todos los planos, desde la armada hasta la exigencia de los comités de fábrica por implantar la cogestión y la autogestión.

De los Montoneros -grupo guerrillero de la izquierda peronista- manifestó que están llevando toda su lucha en el plano de la guerra abierta contra la ocupación y que no es un simple movimiento de muchachos armados, sino que tiene su base en las masas.

Por su lado, el doctor Ricardo Obregón Cano, antes de dar a conocer los puntos sustanciales del programa del PPA, indicó que es posible que en los próximos meses se presente una gran manifestación en Argentina de todos los miembros del partido, pero no por demandas salariales, esta vez será para pedir un gobierno auténticamente popular.

Los puntos del programa basado en el peronismo son: 1.- Levantamiento del Estado de Sitio; 2.- Derogación de la legislación represiva; 3.- Libertad a todos los presos políticos; 4.- Libertad de prensa e información y levantamiento de las medidas que dispusieron la clausura de diarios y revistas; 5.- Libertad de acción política; 6.- Investigación de las tres A y procesamiento de sus integrantes; 7.- Extradición y procesamiento de José López Rega; 8.- Investigación y procesamiento de los delincuentes económicos; 9.- Democratización sindical y amnistía general en todas las organizaciones sindicales y 10.- Constitución del Frente de Liberación Nacional que enfrente al imperialismo.


Rodolfo Puiggrós

Por Alberto Carmena

[Apuntes de una charla que pronunciada en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Rosario en 2005]

Nació en Buenos Aires, Argentina el 19 de noviembre de 1906 y falleció en La Habana, Cuba, el 12 de noviembre de 1980. Sus restos fueron repatriados a la Argentina en 1987.
Realizó sus estudios secundarios en colegios religiosos y comenzó sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
En 1926 visitó con su padre la Unión Soviética, quedándose en Europa hasta 1928. A su regreso, fundó el periódico "Brújulas",el periódico "Norte"en la provincia de Jujuy y la revista "Argumentos"
En 1932, junto con el pintor rosarino ANTONIO BERNI, realizan un estudio sobre el barrio prostibulario "Pichincha" de la Ciudad de Rosario, cuando imperaba la mafia con Chicho Chico, Ágata Galifi y el abogado Luchini.
Se afilia al Partido comunista, formando parte de la ASOCIACIÓN DE INTELECTUALES, ARTISTAS, PERIODISTAS Y ESCRITORES (AIAIPE) que fundara en 1935 Aníbal Ponce.
En 1946 funda el MOVIMIENTO OBRERO COMUNISTA vinculándose al movimiento popular del General Perón, lo que le valió la expulsión del PC en 1947.
Desde 1947 a 1955 dirigió la publicación CLASE OBRERA, LIGADO AL MOVIMIENTO PERONISTA.
Fue redactor del diario CRÍTICA de Natalio Botana desde 1935 a 1955.
En 1956, no apoya el pedido de Perón de votar por Arturo Frodizi, aconsejando votar en blanco. Se enfrentó con Arturo Jauretche que apoyaba con Frondizi y Frigerio el voto positivo del peronismo.
Desde 1955 a 1961, participa activamente en la resistencia peronista a través de la organización ARGENTINOS DE PIE, que estaba dentro del COMANDO DE ORGANIZACIONES REVOLUCIONARIAS (COR) del General Iñiguez.
En 1959 viaja a la República Popular China, invitado por su gobierno.
En 1961 se autoexila en México, donde permanece hasta 1967.
Fue profesor de la UNAM y cofundador del diario EL DIA y de su suplemento EL GALLO ILUSTRADO. Hasta 1977 mantuvo una columna sobre temas internacionales.
En 1971 visita al General Perón en la residencia de Puerta de Hierro en Madrid.
En 1973 es nombrado Rector de la Universidad de Buenos Aires, que comenzó a llamarse UNIVERSIDAD NACIONAL Y POPULAR DE B.A Crea el Instituto del Tercer Mundo con al dirección del padre Hernán Benítez, con Sergio Puiggrós, Dúmar (TITO) Albavi y Mario Hernández, entre otros.
Como su vida corría peligro por reiteradas amenazas de laTriple A de López Rega, la organización Montoneros lo traslada a México con su compañera Delia Carnelli.
En 1975 apoya al PARTIDO PERONISTA AUTÉNTICO.
Su hijo Sergio muere combatiendo como oficial de Montoneros en 1976.
En 1977 dirige la rama de PROFESIONALES, INTELECTUALES Y ARTISTAS del MOVIMIENTO PERONISTA MONTONERO, agrupando a Juan Gelman, Pedro Orgambide, Norman Brisky y Silvia Berman. Luego se suman Pino Solanas, Rodolfo Walsh. Miguel Bonasso, Héctor Hoesterheld, Paco Urondo y muchos más.
Pasa a formar parte de la mesa de conducción del MOVIMIENTO PERONISTA MONTONERO con Yager, Perdía, Obregón Cano, Vaca Narvaja, Bidegain, Pereyra Rossi y Firmenich.
Fue fundador del COMITÉ DE SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO ARGENTINO (COSPA) Cuando falleció era su secretario general. Fue sucedido por su esposa Delia.
También fundó el COMITÉ DE SOLIDARIDAD LATINOAMERICANA con Mario Guzmán Galarza de Bolivia, Gabriel García Márquez de Colombia, Pedro Vuskovic de Chile, Gerard Pierre Charles de Haití, Pablo González Casanova de México. Jorge Turner Morales de Panamá, Gerardo Carnero Checa de Perú, Carlos Quijano de Uruguay y otros.

Ni por todo el oro del mundo
Al rescate de un valioso trabajo historiográfico de Rodolfo Puiggrós.

Por Martín De Ambrosio
La España que conquistó el Nuevo Mundo
Rodolfo Puiggrós
Retórica-Altamira, 190 págs.

Militante desde muy joven del Partido Comunista, Rodolfo Puiggrós no esperó a la década del 70 para volcarse al peronismo. Ya en 1945, apenas después del 17 de octubre, advirtió que era un error teórico –además de considerarla una infamia– formar parte de la Unión Democrática. Desde luego, no poco se lo castigó por haber condescendido desde la izquierda marxista tradicional a poner el cuerpo para la defensa del rápido gobierno camporista [regresado ya del exilio mexicano en 1973 para ser rector de la UBA] en una Argentina que se preparaba para los estertores de Perón. Más allá de estas polémicas aún no saldadas –y con muchas otras aristas a considerar–, sobrevive una de las obras más coherentes y sólidas del pensamiento argentino vinculado con un especial marxismo, ese que se dejó influir por el espacio nacional y popular [o bien: viceversa]. Lo que hace Puiggrós particularmente en La España que conquistó el Nuevo Mundo [inaugurando la "Serie Rodolfo Puiggrós" que promete la pronta reedición de otras obras del autor] es la reelaboración en clave estrictamente marxista de la tesis según la cual el oro de América fue perjudicial para el desarrollo [capitalista] de España.

Resulta singular y estimulante el modo en que Puiggrós argumenta, repasando minuciosamente unos trescientos años de la historia española. Así, todos los conflictos de la época son analizados como el reflejo superficial de esa razón profunda, material. Puiggrós incluso reinterpreta de un modo clasista los conflictos religiosos [que no eran moco de pavo: todo se resolvía a matanza limpia], y ese "fondo clasista" era la "defensa del feudalismo amenazado por la economía mercantil". La revolución [burguesa] española "fue desviada", dice Puiggrós evidenciando la certeza de cuño marxista respecto de la inevitabilidad del flujo histórico: la historia no la hacen los hombres y mujeres a cada paso sino que la historia se desenvuelve. Y por eso es que sucesos externos, como en este caso la abrupta aparición de América camino a Oriente, lo que hacen es detener "el curso natural de la historia".

Pese al carácter eminentemente marxista de sus razonamientos, Puiggrós discute con el también marxista chileno Volodia Teitelboim, cuya tesis al respecto [expuesta en El amanecer del capitalismo y la conquista de América] adolece, según sostiene Puiggrós, de prestar "muy escasa atención a los cambios internos en la sociedad española generados por el descubrimiento de América y a la sustitución de los mercaderes mediterráneos por los hidalgos de Castilla en la empresa de la conquista". Y, en efecto, lo que no hace Teitelboim es lo que sí hace Puiggrós: detectar, describir y descifrar esas contradicciones de clase entre esa protoburguesía española –de las ciudades del Mediterráneo– y los nobles castellanos asociados a la reina Isabel y defensores del antiguo régimen. Y señala que el descubrimiento de América fue financiado por los burgueses mientras que la colonización fue hecha por los nobles, que luego se sentaron a gozar del oro, destruyendo la producción manufacturera española.

El paralelo con la Argentina, sin ser buscado ni explícito, es evidente: la aristocracia española de entonces es una "clase divorciada de los destinos nacionales"; pese a estos puntos de contacto entre aquella España y la Argentina, Puiggrós sólo se ocupa explícitamente de esto en la última oración del libro, cuando afirma que "la única comunidad verdadera que tenemos con España es la que se concreta en la lucha histórica de su pueblo y de los nuestros por idénticos objetivos de liberación y superación".
Página/12, 10/07/05

Dirigió la EDITORIAL PATRIA GRANDE hasta su muerte
Cuando falleció en La Habana, asistía a una reunión de la mesa de conducción del MPM.
La enumeración de sus obras , las podremos leer en "La Verdad Histórica" de 1997.

Dos frases suyas antes de pasar a la parte anecdótica de esta charla.
AHORA LA PATRIA SE ME HA AGRANDADO A TODA AMÉRICA LATINA.
LAS DICTADURAS NO CAEN, SE DERRUMBAN.

CÓMO LO CONOCÍ A RODOLFO PUIGGRÓS

En 1956, decidimos conectarnos con los personajes de Buenos Aires que considerábamos del Socialismo Nacional... A través del compañero paraguayo TITO ALBAVI, visitamos a Leopoldo Marechal, Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos.
Rodolfo Puiggrós nos invitó a su casa de calle Volta (a media cuadra del Hospital Militar). Participamos de las reuniones de los sábados a la siesta. Allí conocimos a Huascar Montenegro, hijo del dirigente boliviano Carlos Montenegro, a Rodrigo Asturias, casado con Charo Montenegro e hijo del premio Nóbel de literatura Miguel Ángel Asturias, que luego fue comandante de la guerrilla guatemalteca y acaba de fallecer en ciudad de Guatemala este año., Manuel Galich de Guatemala, Ricardo Franco del febrerismo paraguayo, Silvio Frondizi de Praxis que siempre asistía con Marcos Kaplan ( Risieri, Rector de la UBA, Arturo presidente de la República), Metol Ferrer de Uruguay que este año estuvo en Rosario.

A esas reuniones llevamos a Salvador Allende y Clodomiro Almeida. en 1959.
RODOLFO SELECCIONABA LOS ASISTENTES PARA HACERLOS PASAR A OTRA REUNIÓN LOS DÍAS MARTES, QUE TERMINABAN en los boliches de la Cortada Carabela, detrás del antiguo Mercado del Plata, con vermicellis y un tinto Carcassonne (el que tomaba también Perón)
Recordar el sábado 9 de junio de 1956. Levantamiento del General Juan José Valle y el general Tanco.
La discusión con Jauretche, Frondizi y Ferrer fue en su casa.
No apoyó el voto a Frondizi y se distanció algo de Jauretche, pero luego las cosas se compusieron.
La Organización ARGENTINOS DE PIE, que fundara RP, pertenecía al COR del general Iñiguez. Se realizaron varios sabotajes en el sur del Gran Buenos Aires. Recodar.
l. TOMA DEL OBELISCO.
2. Busca de armas en la plaza de San Martín en el sur oeste de BA.

En 1962, cuando estaba radicado en México estuve dos meses en su casa. Nos visitaba diariamente el general Tanco, que estaba bastante mal de salud y de dinero. Como yo era muy joven, el general me decía." Pibe, cuando volvamos hay que fusilar a todos los traidores."
Cuando visitó a Perón en 1971, recordar a Lopecito que servía el café.
En 1973, me mandó llamar por teléfono a Cuba, donde estaba exilado.
Siendo Rector de la UNPBA, le dimos el título de DOCTOR HONORIS CAUSA al General Omar Torrijos de Panamá, lo que trajo problemas entre los militantes de izquierda.

También se le dio este título al padre Ismael Quiles. Cuando RP le entregó el diploma le dijo que los dos creían en dios. Quiles lo felicitó por su conversión, pero R P le dijo: "Hay una diferencia. Usted cree que dios creó al hombre y yo que el hombre creó a dios, pero es lo mismo porque ambos creemos en dios"
Cuando Roberto Cirilo Perdía lo visitó para anunciarle que la organización no apoyaba a Ortega Peña ni a Eduardo Luis Duhalde, por la oposición que le estaban haciendo como Rector, R P le dijo:
"Usted viene por Vilcapugio y Ayohuma, por esos dos desastres que tengo en la Universidad".
En este período vivía con Delia en un departamento de de calle Cangallo 1671 (hoy Perón). En ese edificio también vivía Rodolfo Walsh, Arnoldo Torrens, ex esposo de Silvia Berman y el escritor David Viñas
Íbamos todos los días a cenar a LA PUMAROLA en calle Sarmiento 1743, creo que ahora se llama EL RUEGO. y al café SAVOY en Rodriguez Peña y la entonces Cangallo.

Allí vi a Sergio por última vez. Lo conocía desde que era muy chico, de pantalones cortos y jugaba con mi hijo mayor.
Nos encontramos en México en mayo de 1975. Estuve un mes en su casa. El 25 de mayo, llevamos unas flores al monumento a San Martín con Obregón Cano y Héctor Cámpora.
También fuimos a la Embajada de Cuba invitados a recordar el 25 de mayo. A la noche nos reunimos con los exilados argentinos en un gran asado.
Hasta su muerte mantuvimos una gran relación por cartas e intercambio de información. Ya para esa época yo estaba exilado en Venezuela.
En 1987, se repatriaron sus restos en una urna que fue colocada en el cementerio de la Chacarita en el panteón de su familia. Allí también estaba Sergio.
Íbamos con Delia los 12 de noviembre y bajábamos hasta donde estaban los restos de Rodolfo. Luego su hija Adriana cambió la cerradura y prohibió la entrada de Delia. Nos conformábamos con dejar unas flores en la puerta. Cuando regresaron del exilio los dirigentes montoneros Roberto Perdía (el pelado ), Vaca Navaja (el vasco ) y Firmenich (El Pepe) también nos acompañaron. El que nunca faltó fue el cumpa TITO ALBAVI, fallecido en el 2001.

QUE SU FIGURA NO SEA ABSORBIDA ASÉPTICAMENTE POR EL "ESTABLISHMENT" DE LA IZQUIERDA LIBERAL CIPAYA COMO HA PASADO CON NUESTROS COMPAÑEROS RODOLFO WALSH, PACO URONDO Y EN MENOR GRADO CON PEDRO ORGAMBIDE.

Universidad Nacional de Rosario
Facultad de Ciencias Políticas
Seminario Historia del Pensamiento Nacional
6 de octubre de 2005


Rodolfo José Puiggrós ante la condición humana

Por Omar Acha

Rodolfo José Puiggrós nació en 1906, en la ciudad de Buenos Aires. Falleció en 1980 en La Habana, Cuba. Periodista e historiador, fue un intelectual politizado que recorrió diversas estaciones ideológicas durante el siglo XX argentino. Educado en el catolicismo, escritor inconformista con vetas anarquistas y decadentistas en los años veinte, en la década de 1930 milita en el comunismo local, hasta 1946, año en que es expulsado del Partido Comunista acusado de traicionar al marxismo por el naciente peronismo. Durante los años de compromiso comunista, Puiggrós había consolidado su producción historiográfica, instituyendo una de las obras historiadoras más sólidas desde José Ingenieros. Durante los dos gobiernos peronistas [1946-1955] Puiggrós y el grupo de militantes expulsados del PC junto a él mantuvieron una independencia organizativa, con la esperanza de desplazar a la dirección partidaria. El golpe de Estado de 1955 terminó con la disidencia comunista encabezada por Puiggrós, quien a pesar de algunos intentos de reorganización, se resignó gradual y lentamente a ser un intelectual adscripto al amplio campo del movimiento peronista. En 1961 se trasladó a México donde trabajó como periodista y profesor en la UNAM. En 1966, retornado a la Argentina, se integró al sector de publicistas de la izquierda nacional y en 1973, con el regreso del peronismo al poder, fue nombrado rector-interventor de la Universidad de Buenos Aires. Entretanto había publicado, revisado y extendido su obra principal del período poscomunista: la Historia crítica de los partidos políticos argentinos [1956]. En el contexto del enfrentamiento entre la izquierda y la derecha peronistas, Puiggrós optó por apoyar a la izquierda armada. En 1974 debió exiliarse en México, donde fue nuevamente periodista y profesor, pero continuó actuando políticamente, ahora adscripto a la organización Montoneros, donde militó los últimos años de su vida. Puiggrós se había convertido en una referencia intelectual entre la izquierda argentina, y era reconocido también por los sectores revolucionarios en toda América Latina. El gran tema de su vida fue cómo articular la voluntad nacional y popular con la revolución social.

Puiggrós y el comunismo

Hijo de un inmigrante catalán que había logrado una próspera posición social, entre 1925 y 1926 Puiggrós realizó una estadía en Inglaterra y Francia. En 1926 retornó a la Argentina, dispuesto a ser un escritor de izquierdas. Por entonces, el gobierno nacional estaba en manos del radicalismo, y en 1928 Hipólito Yrigoyen iniciaría su segundo mandato revalidado por una amplia victoria electoral.

Puiggrós comenzó a publicar sus artículos primeros en la revista socialista Claridad. ¿Cuáles eran las primeras convicciones que forjaron su voluntad de revolución? Un primer rasgo ideológico que aparecía era un entusiasmo por la idea romántica de "grande hombre", que un Puiggrós apuntalado en Carlyle contraponía a un K. Marx, a quien sin embargo no atacaba [R. Del Plata -seudónimo-: 1927 [1]]. Dos años más tarde enunciaba su admiración por los líderes de multitudes como principio histórico que estaba destinado a contradecir al marxismo, para el cual los individuos eran reducibles a fuerzas más fundamentales: "El comienzo y la terminación de los grandes ciclos históricos", aseguraba, "son marcados por el nacimiento de esos hombres singulares y por la confianza ilimitada que las masas depositan en ello." [R. del Plata -seudónimo-: 1929].

Precisamente en esos años se preguntaba si habría que creer en un hombre que promete el desarrollo económico o el que atrae con "la fuerza irresistible del temperamento". Desde temprano la espera del caudillo atravesó su deseo de cambio social.

El denuesto del clericalismo aparecía en referencia a la campaña contrarrevolucionaria del catolicismo mexicano en los años ’20. Llamaba a éste un "rebaño negro, con ese celo que acostumbra poner al servicio de causas bajas" [R. Del Plata -seudónimo-: 1927 [2]]. La denuncia del militarismo de Leopoldo Lugones, a su vez, contrariaba el conservatismo paterno que iba a recibir con alivio el golpe de Estado de J. F. Uriburu. Puiggrós no reprochaba a Lugones las loas al heroísmo, pues la figura del héroe de Carlyle era una inclinación muy suya. El error de Lugones era el de confundir al héroe dirigente de multitudes con el militar, que constituía su antítesis.

Puiggrós no fue indiferente al conflicto generacional que sus inclinaciones suscitaban en el núcleo familiar. Incluso la faena de la escritura en la que hacía sus primeras armas estaba condicionaba por el peso de la primogenitura burguesa. En las últimas semanas de su estadía en París, desde mayo de 1926 hasta diciembre del mismo año, ya en la ciudad de Buenos Aires, completó el primer libro que se publicó con el seudónimo de Rodolfo del Plata: La locura de Nirvo. Esa novela condensaba dos tendencias. La más patente era la rebelión antiburguesa, acuñada en un cóctel ideológico donde terciaban un vago nietzcheanismo, cierto bolchevismo y un anarquismo genérico como el que describía Salvadora Medina Onrubia en sus relatos contemporáneos. La otra veta del libro la componía la culpa de Nirvo por malograr las expectativas maternas y paternas [que no eran exactamente las mismas]. Ambos aspectos revelaban las tensiones generacionales que acosaban al joven autor. El libro no fue bien recibido por la crítica. José Bianco publicó en Nosotros una reseña devastadora. Puiggrós no insistió con la actividad literaria.

En 1928 se afilió al Partido Comunista, pero no se ajustó a las exigencias de un partido leninista hasta 1931, cuando retornó a Buenos Aires tras unos años en la ciudad de Rosario, donde trabajó como periodista y militó por la Federación Agraria Argentina. En esos años fortaleció sus ideas antiimperialistas, en artículos enviados a la revista Nosotros, pero sobre todo en su publicación Brújula [1930-1931], donde los chacareros aparecían como la base social de una resistencia a los imperialismos que reposaba en un Estado fuerte.

En septiembre de 1930 el gobierno radical fue derribado por los militares. La Federación Agraria se congratuló por el hecho. Aunque Puiggrós no apoyaba al radicalismo, entendió que el golpe de Estado estaba conducido por elementos reaccionarios. Cuando la Federación Agraria se sumó a las simpatías por la fórmula de Agustín P. Justo para las elecciones presidenciales de 1931, Puiggrós se desengañó definitivamente de la radicalidad del movimiento chacarero. Entonces volvió a Buenos Aires y se zambulló en las actividades partidarias comunistas.

Fue secretario de la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores [AIAPE] que se fundó en 1935, y que tuvo importancia en el antifascismo local. En 1938 acometió su primera empresa historiográfica en el seno del PC: la revista Argumentos.

Argumentos surgió como una publicación de investigación y discusión política destinada a ofrecer los resultados más elevados en el conocimiento de la sociedad desde una perspectiva comunista. Su subtítulo era "revista mensual de estudios sociales". El número uno fue publicado en noviembre de 1938 y el último aparecido, el décimo, en septiembre de 1939. La publicación intentó sostener un costo bajo [cinco pesos la suscripción anual y cincuenta centavos cada ejemplar] y llegó a distribuirse en Uruguay.

En "Nuestros propósitos", la declaración programática aparecida en primer número, se señalaban los puntos de partida del proyecto. El primero, que urdía una trama con ciertos próceres de la historia nacional, calibraba la búsqueda identitaria: "Qué somos y adonde vamos se ha preguntado y, puestos los ojos en las entrañas sociales de la realidad nacional, ha procurado, al escrutarla, descubrir los secretos que yacen en ella. Moreno y Rivadavia, Alberdi y Sarmiento, Irigoyen y Juan B. Justo, han tratado, en los momentos cruciales de nuestra historia, de hallar los derroteros por dónde guiar a las muchedumbres hacia destinos propios". El proyecto se reconocía entonces en una historiografía inspirada en la dirección de las multitudes gracias a la iluminación de las élites. Sin embargo la imaginación elitista de lo político pretendía resolver los "problemas básicos y esenciales" que definían el desierto y el latifundio. El desarrollo industrial debía emancipar al país de la ganadería y el monocultivo. De otro modo, temía Argumentos, el argentino estaría condenado a ser un pueblo débil disputado por las fuerzas imperialistas. Para ello proponía el abordaje con pertrecho marxista de la realidad nacional en los tres campos que más tarde serían apropiados por una retórica anticomunista: "ARGUMENTOS se da como programa el estudio de los problemas argentinos, teniendo como norte la libertad económica de la República y en consecuencia su total independencia política y un mayor progreso social".

En resumen, se trataba de enfrentar a las taras feudales que aquejaban al país, a los imperialismos que lo sojuzgaban, partiendo de las enseñanzas de la tradición liberal enriquecida con un frente teórico que incluía a H. Yrigoyen y a J. B. Justo. Se suponía el rango de país semicolonial y se aspiraba a que una burguesía industrial progresista permitiera superar el tipo de estructura social imperante, con un capitalismo que desarrollara las fuerzas productivas y destruyera los rastros retardatarios en lo cultural y lo social. El razonamiento era manifiestamente economicista: la libertad económica tendría como "consecuencia" la independencia política y el progreso social. El marco nacional aparecía como evidente y naturalizado.

El antiimperialismo se apoyaba en un argumento historicista por el cual todo acontecimiento debía su esencia al tiempo y lugar concretos de su aparición, y no a una regularidad válida para toda condición y contexto. El interlocutor de estas posiciones era el revisionismo rosista, cuya crítica se realiza por lo menos en dos oportunidades [números 1 y 4], pero que sostiene el conjunto del discurso de Argumentos.


Actividad durante el exilio en México, El Informador, Guadalajara, 19 de febrero de 1979

La revista cesó en 1939, en parte por dificultades económicas, en parte por la desconfianza de la cúpula del PC ante la relevancia que parecía adquirir Puiggrós. Aunque éste era miembro del Comité Central, nunca logró acceder al Comité Ejecutivo. Sin embargo, 1940 fue un año clave en su trayectoria intelectual porque publicó sus primeros libros historiográficos. Sobre todo apareció De la colonia a la revolución, el estudio que organizaría buena parte de la agenda historiadora de las izquierdas en la Argentina del resto del siglo.

Su tesis central decía que el capital comercial que emprendió la navegación en busca del camino a las Indias Orientales tendió el puente por el cual el feudalismo español se transplantó a América [Puiggrós: 1949]. La naciente burguesía española había sido sometida en el campo de batalla, y a partir de entonces el poder real contuvo todo cambio progresivo [la valoración de la historia de España en nuestro autor se basaba en la recuperación de sus momentos progresistas, y no de una tradición homogénea distinguible]. Los conquistadores españoles trasladaron sus deseos de señorío y de imposición de servidumbre. Los ingleses del Mayflower, en cambio, habrían portado los "gérmenes" del desarrollo capitalista [Puiggrós: 1949: 22].

Así las cosas, las consecuencias políticas del juicio histórico eran harto evidentes cuando agregaba que el estado de situación era básicamente el mismo de la actualidad. "La unidad social que se conoce con el nombre de República Argentina muestra aun hoy en su estructura los rasgos inconfundiblemente feudales que le imprimieron, hace cerca de cuatrocientos años, los conquistadores españoles" [Puiggrós: 1949: 23] -el subrayado es mío-. El feudalismo se habría trastocado en la combinación de latifundio y monopolio extranjero, los verdaderos enemigos de la nación. Ambos males, aclaraba, "representan, en las condiciones actuales, los obstáculos que los revolucionarios de 1810 debieron vencer para independizar la Nación y colocarla en el camino de su progreso" [Puiggrós: 1940: 41-42].

El programa de mayo fracasó porque no había una clase social que pudiera llevar adelante la revolución democrática esbozada por Moreno. Apelando al concepto acuñado por Stalin, se podría decir que con las relaciones sociales feudales no estaban dadas las condiciones para el nacimiento de una nación [Puiggrós: 1949: 213]. Si la lucha durante las invasiones inglesas había consolidado las energías criollas y solidificado el sentimiento de la nacionalidad, sería idealista creer que entonces estaba constituida la nación. Las élites no pueden realizar el cambio histórico sin el apoyo de una clase revolucionaria, una transformación que los caudillos, ligados aun al pasado retrógrado, no querían ni podían lograr. Pero esto es incoherente con el leninismo, para el que una férrea organización de cuadros teóricamente firmes y disciplinados puede realizar una revolución siempre que sea necesaria. La vacilación de Puiggrós entre las élites ilustradas, los caudillos y las masas era incompatible con la imaginación organizativa del PC.

El concepto central que se articula con el de nación es el de progreso. En efecto, la consolidación de la nación equivale al desarrollo progresivo de su economía, con el surgimiento de clases igualmente pertenecientes a estadios históricos superiores. La destrucción de las economías regionales no se realizó por la implantación de un capitalismo moderno, que a Puiggrós le parecía beneficiosa a largo plazo, sino a través de la introducción de mercaderías extranjeras que no fomentaban nuevas y superiores relaciones sociales, ni aumentaban la productividad. La defensa del modo de vida anterior se convirtió en una bandera de lucha y resistencia, pero no alcanzaba a ofrecer una salida progresiva.

La comprensión del vínculo entre nación y progreso era también mejor establecida a través de la apelación a una elaboración staliniana. En efecto, Stalin había codificado en 1938, en su artículo "Sobre el materialismo histórico y el materialismo dialéctico", una teoría de la historia que organizaba las sociedades en una secuencia predeterminada de modos de producción. Las ambivalencias del "modo de producción" en la obra de Marx eran ordenadas con un vigoroso determinismo económico que hacía del mismo el núcleo de toda la vida social. Con el agregado de la serie de los cinco modos, la teoría de la sociedad se trocaba en explicación del sentido de la historia. En conclusión, Stalin proveyó no solamente un concepto de nación que articulaba la "liberación nacional" con una aspiración al desarrollo de las fuerzas productivas, sino también de una visión unitaria de la realidad.

Puiggrós sostenía, bajo esta herencia, una filosofía de la historia detrás del esquema marxista de la sucesión de los modos de producción. Según aquella, el desarrollo del capitalismo se realizaba mundialmente, pero de una manera desigual. Las naciones eran los marcos en los cuales se declinaban las peripecias del desarrollo económico, implicando relaciones desiguales entre países más y menos capitalistas. Esta división del mundo se correspondía con el nivel de consolidación del estado nacional. Siguiendo la definición de Stalin, la formación de una nación no tenía su basamento en el lenguaje o las tradiciones, según era corriente en el romanticismo decimonónico que había impulsado el nacionalismo luego de la Revolución Francesa.

La condición para la formación de una nación implicaba al mismo tiempo su independencia de todo lazo colonial o imperialista. Las fronteras nacionales que definían cada Estado-nación eran consideradas -sin crítica alguna- como el espacio obvio del desarrollo de las relaciones sociales. La noción de imperialismo no enunciaba un sistema mundial gobernado por la búsqueda de beneficios económicos, sino una competencia por la dominación entre naciones desigualmente desarrolladas. A partir de entonces, el deslizamiento de la "liberación nacional" a la "contradicción principal" con el imperialismo, y de allí al nacionalismo, se realizaba como una consecuencia implacable.

La situación de colonia o semicolonia suponía una limitación para la nación, pues si ésta se definía por la posesión de un mercado nacional complejo y una potencia productiva que asegurara la autonomía relativa en el concierto de las naciones, la dependencia política o económica lesionaba a la nación en sí. La reivindicación nacionalista era abierta en el PC, no se consideraba necesariamente incompatible con el internacionalismo y el periódico Orientación afirmaba: "He ahí en qué sentido nosotros somos nacionalistas [...] Un nacionalismo que recoge lo más profundamente particular de nuestro pasado y que conviviendo fraternalmente con todos los otros pueblos en un mundo que es cada vez más internacional y único, aspira en primer lugar a la grandeza, a la prosperidad y a la felicidad del pueblo argentino y de esta manera, a contribuir a la paz y al progreso incesante de toda la humanidad [...] Lo nacional y lo internacional en la evolución histórica argentina" [Orientación, 24-5-39].

Frente a las representaciones de la formación de la nación argentina [la defendida de Mitre y la sostenida por la escuela constitucionalista, es decir, aquella de la preexistencia de la nación a 1853 y aquella contractualista], la perspectiva comunista que defendía Puiggrós se destacaba por proponer una versión muy distinta: la nacionalidad asoma su faz a través de un cierto grado de transformación económica. No habría nación antes de la consumación de la revolución democrático-burguesa.

En ese mismo año, 1940, aparecieron dos libritos: A 130 años de la revolución de Mayo y La herencia que Rosas dejó al país [desarrollado tres años más tarde y publicado como Rosas, el pequeño]. En ellos se elaboraba la reivindicación jacobina de mayo de 1810 en el sentido "democrático-burgués" indicado y, en el segundo, se combatía al rosismo al subrayar su carácter reaccionario y feudal.

Pero la articulación entre el nacionalismo antiimperialista y las erráticas directivas del PC alineado con Moscú acosaba cada vez más agudamente a Puiggrós. Quizás cuando más dramáticamente se observen las torsiones del historiador en crisis sea entre 1941 y 1942, ese año que dista entre la publicación de Mariano Moreno y la revolución democrática argentina y su versión ampliada, Los caudillos de la revolución de mayo. En la primera obra, una comprensión elitista era la única alternativa a la inexistencia de una clase revolucionaria que realizara las "tareas" de la revolución democrática. Los caudillos, al enfrentarse ciegamente contra los intentos emancipatorios de Moreno y la juventud jacobina e ilustrada, llevaron la revolución a un punto muerto. Entonces, la disputa y la asociación entre la burguesía comercial y la clase terrateniente definirían los términos del fracaso de los proyectos de mayo de 1810. No existía un espacio para repensar la irrupción de las montoneras y de los caudillos.

Con el título de Los caudillos de la revolución de mayo, Puiggrós reformuló el juicio sobre las montoneras. La alteración del nombre del volumen es por demás significativa, tanto como para encerrar el sentido del cambio que estaba en ciernes. Si bien en el prólogo se reiteraban los basamentos previos, es decir, que la revolución democrático burguesa no puede completarse sin la participación activa y dirigente de la clase obrera y que la derrota de Rosas acompañada por la Constitución de 1853 reabría el cauce esbozado en 1810, la reivindicación de Artigas que el libro no ocultaba, cruzaba como un chicoteo la cadencia conocida del horizonte liberal-ilustrado de la versión de 1941.

El giro no fue total. El papel central de Moreno no fue eliminado, pero la urgencia de explicar la capacidad de movilización de Artigas debía conmover, en el nivel narrativo pero también explicativo, el ordenamiento del argumento. No había, subrayemos, una predilección desembozada por los caudillos, pues persistía la imposibilidad de construir un orden progresivo alternativo [el gran relato del progreso nunca moriría en Puiggrós]. Fundamentalmente, la atención a las montoneras distanciaba la recuperación de los caudillos que podía verse en los trabajos de Emilio Ravignani, Diego Luis Molinari, José María Rosa y en general en el rosismo. Este reparo no evitó la hostilidad que el dirigente más influyente del PC, V. Codovilla, mostró hacia Los caudillos de la revolución de mayo.

La "revolución nacional"

La militancia sindical y barrial comunista mantenía una presencia importante en ciertos gremios y en algunas localidades, pero no lograra consolidar una inserción del Partido entre las masas. En 1943 las huestes comunistas habían sido fieramente perseguidas por el nuevo gobierno militar. Pero pronto se destacó en el gobierno castrense un coronel que proponía una alianza del movimiento obrero no comunista ni socialista y el Estado. El PC, entendiendo que se trataba de un ensayo de fascismo local, combatió al naciente poder del coronel Juan D. Perón como si se tratara de un episodio de la contienda mundial entre "democracia" y "fascismo".

Un grupo de ferroviarios del barrio porteño de Constitución ofreció lucha en el seno del PC para modificar la política hacia Perón, pero no fueron escuchados. Luego de la victoria electoral de Perón en 1946, las contradicciones internas al PC se agudizaron y en el XI Congreso ocurrido en agosto de ese año, la expulsión de los ferroviarios estaba decidida. Puiggrós también fue exonerado, pues compartía las posiciones disidentes.

Entre 1947 y 1949 este sector de comunistas intentó forzar la realización de un Congreso Extraordinario para discutir la línea política de la cúpula del Partido. Al mismo tiempo, a través de su periódico Clase Obrera, comenzaron a desarrollar sus posiciones respecto a la "revolución nacional" peronista. Pero fracasaron en desplazar a la dirección del PC y nunca fueron realmente aceptados como izquierdistas críticos pero no hostiles al gobierno "popular".

Una de las experiencias más significativas de la década peronista para Puiggrós fue la participación en el Instituto de Estudios Económicos y Sociales que dirigía el socialista simpatizante del peronismo Juan Unamuno. El IEES fue el antecedente del Partido Socialista de la Revolución Nacional, en el que el Movimiento Obrero Comunista [nombre que adoptó el grupo de comunistas ligados a Puiggrós en 1950] no creyó oportuno participar. La ideología del MOC, hasta su desgranamiento en 1955, fue el marxismo-leninismo-stalinismo.

La obra que condensó las reflexiones de Puiggrós en estos años fue publicada luego del derrocamiento de Perón por un golpe militar en 1955. La Historia crítica de los partidos políticos argentinos apareció en 1956. Con ella Puiggrós ingresaba en pleno en el horizonte bibliográfico de lo que se conoció contemporáneamente como la "izquierda nacional". Fue una prolongada respuesta a su ruptura con el PC y al mismo tiempo una genealogía de las alternativas de la política contemporánea. Más que lo concretamente indicado en su título, se trata de un ajuste de cuentas con la historia de las izquierdas en la Argentina. Se inscribía así en un clima de época de autocrítica de una izquierda que tramitaba la expansión del nacionalpopulismo. Fue la narración de una profecía que contribuía a realizar: el peronismo era el vector ineludible de la revolución posible.

Numerosos de los rasgos de su concepción histórica previa persisten en la Historia crítica. Otros, en cambio, fueron abandonados. Por fin, nuevas modulaciones se perciben en la medida en que la causalidad histórica vigente en De la colonia a la revolución cedió paso a la lucha ideológica entre proyectos nacionales y proyectos cosmopolitas. La historia económica y social intentada en la etapa de militancia en el PC viró hacia una historia de las ideologías. Si antes la realidad histórica reconocía en la economía una base, en lo político una primera superestructura, y en el resto del sistema ideológico una segunda napa, mucho más mediada respecto al núcleo duro del tándem entre relaciones de producción y nación, ahora la necesidad de desarrollar las potencialidades nacionales reconocía la eficacia de lo político-ideológico en primer término. En este sentido, se trataba de una narración que yuxtaponía lo económico, lo social y lo ideológico, sin investigar sus conexiones raigales y las dinámicas de sus autonomías; no era, estrictamente, un libro marxista sino por sus declaraciones teóricas más generales. En buena medida esa nervadura teórica que lo distinguía de De la colonia a la revolución lo hizo, para sorpresa del propio Puiggrós, perfectamente legible para los sectores nacionalistas y peronistas.

Frente al stalinismo

Por Omar Acha

Los años treinta consolidaron la identificación historiográfica de Puiggrós, como pronto se verá. En esa época la militancia de Puiggrós lo destacaba como uno de los intelectuales más prometedores de su generación. En el segmentado campo intelectual porteño su posición fue siempre ambigua. El prestigio pronto adquirido por sus libros sufrió el menoscabo que significaba en la Argentina conservadora ser un estudioso declaradamente marxista. Aunque no había completado una carrera universitaria, y quizás por ello mismo, poseyó aún joven una inmensa cultura y una sorprendente capacidad de trabajo.

La pulsión historiadora de Puiggrós estaba estrechamente ligada a su preocupación nacionalista. Desde hacía tres décadas las diversas maneras de resolver la cuestión nacional marcaban los pasos de las jóvenes izquierdas de los países periféricos. El tema de la nación constituía el otro polo del deseado orden mundial poscapitalista.

Incluso la exigencia de lo nacional era más urgente que entre las derechas. Fue en el seno del heterogéneo abanico de las voluntades subversivas donde el tema de la nación incidió con mayor radicalidad, puesto que con todos los matices del caso sus posibilidades de éxito se decidían en la construcción de una política sostenida por las mayorías.

El nudo de la cuestión de la nacionalidad en las izquierdas fue instalada por Juan B. Justo y José Ingenieros en el plexo de una filosofía positiva de la historia. Más allá de las soluciones que ellos propusieron, lo nacional tuvo tanta pregnancia en la izquierda –incluso antes del Centenario– como en el resto del espectro ideológico argentino. Por eso no debe sorprender que el socialismo reformista ya adoptara en los años ‘30 los símbolos “nacionales” en compañía de los tradicionales paños rojos de la emancipación obrera. Nacionalismo e internacionalismo no eran percibidos como incompatibles.

Puiggrós siguió el paso de las variaciones teóricas y políticas de estos años, cuando ya había resignado sus veleidades juveniles de heterodoxia intelectual. ¿Su actitud primera delataba una resistencia ante el stalinismo?

La noción de stalinismo debe ser problematizada en sus variantes nacionales. Jean-Pierre Vernant consideraba con razón que si hubo un leninismo, el stalinismo fue diverso fuera de la Unión Soviética. Entonces se preguntaba por la singularidad del stalinismo francés.

¿Existió un stalinismo argentino? En las interpretaciones prevalecientes, la conocida sujeción del PC a las decisiones de la III Internacional revelaría una dependencia política y cultural cuyo mayor exponente sería Victorio Codovilla.

El primer reparo a hacer es que las prácticas del PC eran irreductibles a las directivas de su cima. El estudio de las militancias de base lo muestra claramente. Lo que aún no sabemos es por qué se impuso durante tantas décadas la dirección codovilliana.

Otra indicación –más pertinente para pensar la situación de Puiggrós– es que la posición de los intelectuales estaba menos legitimada que en otros stalinismos. La dirigencia partidaria monopolizaba la significación política de la escritura y clausuraba la autonomía relativa del saber. La minusvalía de los intelectuales ante la autoridad de los aparatos partidarios afectó las aspiraciones de reconocimiento de Puiggrós y constituiría en los años por venir una de las razones de su alejamiento forzoso del PC.

La diversidad de la vida cultural en el partido fue más amplia durante los años treinta, a pesar de la dureza de la época. Con el regreso al país de R. Ghioldi y V. Codovilla a principios de la década de 1940, la complejidad de ideas internas disminuyó sensiblemente. La transmisión de las decisiones externas circuló más aceitadamente y el clima interno, al principio distendido por la recuperación de dos prestigiosos camaradas, comenzó a enrarecerse.

[Fragmento de La nación futura]

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/subnotas/2421-275-2007-02-04.html

Con la Historia crítica, Puiggrós se plegaba a la gran narrativa enunciada por el revisionismo histórico de los años 30: nación e imperialismo. La dicotomía entre dos líneas históricas ya estaba presente en el radicalismo. Su vertiente yrigoyenista era la más proclive a construir un relato de oposiciones nacional-populares vs. antinacionales-imperialistas. Dicha organización del campo ideológico rodeó la conformación de FORJA, aunque no prosperó como grand récit hasta la apropiación por parte del revisionismo durante la última fase de la primera década peronista. Las contribuciones historiográficas de Emilio Ravignani estaban demasiado ligadas a un liberalismo imaginario para cobijar un revisionismo coherente que sus preocupaciones archivísticas hacían posible. Incluso Ravignani estaba mejor pertrechado que sus adversarios derechistas [Vicente Sierra o Julio Irazusta] para acometer la tarea. Una contribución suya a la contrahistoria revisionista no solamente estaba prohibida por sus simpatías "alvearistas" para las que el rosismo era una calamidad. También su condición eminente entre las filas de la Nueva Escuela Histórica lo prevenía de acopiar una munición tan pesada en el arsenal revisionista que impugnaba el proyecto historiográfico con el que estaba identificado.

Ernesto Palacio en su Historia argentina de 1954 intentó articular narrativamente una transacción entre el pasado dividido y el devenir global de la historia nacional. Su fracaso era evidente en la medida en que no lograba inscribir al peronismo en la estructura temporal que ordenaba la totalidad histórica. Aunque en sus primeras versiones, los textos fundamentales de Puiggrós y de su competidor del trotskismo nacionalista, Jorge A. Ramos, no alcanzaran a interesar completamente al peronismo en el relato, no hacía falta más que compartir el lenguaje de la época para comprender que era el antagonismo destilado por dicho movimiento el que mordía la fibra más íntima de la historia.

La Historia crítica selló una ruptura con ciertas fuentes de autoridad anteriores. Ya no se citaba como reservorio de interpretaciones o datos a V. F. López, B. Mitre o su traductor de izquierda: J. Ingenieros. "No es posible ser, a la vez discípulo de Ingenieros y de Marx", aseguraba Puiggrós [1986: I-20]. Consumaba de tal manera el juicio sobre la narrativa ingenieriana de la que debía dar cuenta toda historiografía de izquierda hasta 1955.

Lo más original del herramental teórico residía en la consolidación de la distinción entre causas externas y causas internas [en De la colonia a la revolución, 1940, el distingo operaba con menos énfasis que en 1956, cuando se hizo testimonio de la nacionalización de su grilla historiográfica]. Con tal elaboración Puiggrós instituía su lugar específico respecto al revisionismo de izquierdas, y marcaba diferencias sustanciales con los herederos radicalizados de los hermanos Irazusta. Para ellos los acontecimientos de la nación argentina o latinoamericana estarían básicamente determinados por las políticas exteriores.

Para Puiggrós la conquista española y el ingreso del capitalismo eran procesos decisivos, pero muy pronto el drama nacional adquirió una dialéctica donde lo fundamental se resolvía en el interior del espacio americano y luego argentino. En discrepancia con Ernesto Palacio, para quien la historia argentina no se distinguía de la española, oponía una autonomía de causas y del poder peninsular. Aun luego de 1880, es decir, inaugurada la época imperialista según la periodización sugerida por Lenin en 1915, las causas internas no dejaron de ser las críticas [Puiggrós: 1956: 74].

La diferenciación entre tipos de causas –creía- posibilitaba evadir al fatalismo revolucionario de la ultraizquierda y el conservatismo de la derecha. El "infantilismo izquierdista" y los rosistas erraban en su caracterización de la Argentina como una mera colonia británica, como si la penetración capitalista hubiera operado sin resistencias. Este planteo "mecánico" disolvería la contradicción permanente que existió entre la "causa interna" del desarrollo nacional y la "causa externa" de la intervención imperialista. Puiggrós sostenía que si las causas externas de la era del imperialismo obtenían su eficacia a través de las internas, con ello también se presentaban tendencias interiores que propendían al "autodesarrollo" y, por ende, a la liberación nacional [Puiggrós: 1956: 75].

El privilegio otorgado a las causas internas, la enseñanza mayor que extraía de la historia de las izquierdas en la Argentina, formaba parte del sentido común de los sectores políticos nacionalistas y peronistas. Sería después retomada como un instrumento de crítica entre los sectores de la izquierda juvenil peronista y la guerrilla trotskista.

La "base material" de toda la explicación, la definición que seguía actuando desde años atrás, era la condición de "semicolonia" que caracterizaba a la formación económico-social argentina. Esa situación condicionaba el tipo de desarrollo deseable y los programas políticos adecuados para neutralizar el estancamiento de las fuerzas productivas, típicas de la "deformación" o "pseudo-industrialización" impuesta por el imperialismo y sostenida [como causa interna] por las oligarquías y los sectores llamados antinacionales. Estas fuerzas frenarían lo que en el objetivismo del proceso histórico mencionado sería una "tendencia natural al desarrollo de la estructura socioeconómica" [Puiggrós: 1956: 42]. Más aun, en oposición a la concepción marxiana de que las crisis son el estado "normal" del capitalismo, en Puiggrós la política económica promovida por los sectores ganaderos e importadores prefiere dilapidar los ingresos o depositarlos en bancos extranjeros "antes de tolerar un armónico e integral autodesarrollo económico que destruya privilegios derivados del atraso y de la dependencia del país" [Puiggrós: 1956: 19 -el subrayado es mío-].

La Historia crítica no se inscribe en el revisionismo rosista cuyos representantes, salvo excepciones, hacia 1955 se habían distanciado del gobierno peronista en su enfrentamiento con la iglesia católica [Palacio, Gálvez] o lo habían desdeñado desde el principio [J. Irazusta]. Por el contrario, proponía construir, al mismo tiempo que lo hacían otros autores, una contrahistoria que se hiciera fuente de enseñanzas del movimiento popular prohibido. La demarcación más neta con el revisionismo conservador consistía en que para Puiggrós la figura de Rosas seguía siendo negativa, y no lo consagraba como un antecedente de Perón.

En la construcción de una línea nacional y popular siempre incomprendida por los partidos marxistas, Puiggrós acentuaba los rasgos progresivos de los gobiernos del líder radical, sin discutir el significado de medidas antiobreras draconianas como las adoptadas en la Semana Trágica y en los eventos de la Patagonia de comienzos de los años 20.

Saltando diestramente sobre la etapa que media entre la caída de Rosas y la crisis del roquismo, Puiggrós se abocaba muy pronto a relatar los acontecimientos de la "revolución del 90". Esto se debe a que la definición de semicolonia presentaba un ordenamiento de la economía y la política que hacía prescindible y aun superflua una investigación de la introducción profunda de las relaciones de producción capitalistas luego de 1853. La deformación que correspondía a la "colonización capitalista" eliminaba el análisis de las transformaciones tecnológicas, el desarrollo agrario, en fin, eliminaba la pertinencia de una historia económica rigurosa.

Sin embargo, la evolución económica de ese período no investigado modificaba las representaciones imperantes antes de 1945. Luego de la caída de Rosas se verificó un tipo de desarrollo capitalista que doblegó el carácter feudal de la economía. No se podía ya limitar el relato a encontrar las élites lúcidas y jacobinas [como en mayo de 1810], o bien historicistas y progresistas [como en 1837], sino que se imponía destacar agentes del cambio en caudillos populares, clases sociales modernas, y presiones imperialistas.

La historia de la Historia crítica se nacionalizaba al flexionar las causas externas a través de la internas. En esa deriva entre unas y otras la eficacia del mercado capitalista mundial se resolvía como "imperialismo". Las alternativas de la narración se desentendían de una inserción en los condicionamientos mundiales, explicando los acontecimientos por la consecuencia o vacilación de las burguesías, pequeñas-buguesías u organizaciones políticas interiores a las fronteras. Así las cosas, las ondas de industrialización se entendían como proyectos concientes de la burguesía antes que como la articulación entre procesos mundiales y estrategias de obtención de beneficios locales.

El grueso de la obra era una extensa presentación de los "errores" y "traiciones" del Partido Socialista y del Partido Comunista, los cuales no comprendieron las tareas revolucionarias en un país semi-colonial pues estaban aprisionados por las causas externas: el PS por su admiración liberal de las naciones capitalistas avanzadas que servían como modelos de progreso [como el librecambismo que no practicaban], y el PC por adoptar los dictados de la Unión Soviética como la verdad absoluta y la base de una política carente de base real. Producto de una ruptura aun no completamente simbolizada, la figura de V. Codovilla resumía los males comunistas, y aun sirve como causa interna que permitía sostener una admiración por la URSS que Puiggrós nunca abandonaría.

La explicación externa de los desatinos de la izquierda, sin embargo, se resolvía a través del expediente de una más honda causa interna: su composición pequeño-burguesa. Derivada de la inmigración de los años bisagra entre los siglos XIX y XX, las formaciones organizadas de las izquierdas hallaban en su pertenencia social a un sector extraño a las tradiciones nacionales el origen de su incurable simulación ideológica.

La primera edición de la Historia crítica extendía el relato hasta el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial. Se comprende: estaba legalmente prohibido mencionar al "tirano prófugo". Una década más tarde Puiggrós amplió la narración; en El peronismo, sus causas [1969], agregó una discusión sobre el movimiento liderado por Perón. También allí eran los errores de Codovilla y R. Ghioldi los que sostenían el relato, donde el peronismo era recortado de las incomprensiones y traiciones del comunismo oficial, antes que adoptado como un tema de investigación.

En 1958, instalado el gobierno de Arturo Frondizi, se modificaron las condiciones políticas y apareció El proletariado en la revolución nacional. El volumen es importante en la biografía de Puiggrós porque señaló la consolidación de una representación del peronismo pero, más importante aun, proveyó una imagen de su líder, que persistiría con la fuerza de la convicción. "Ningún gobernante argentino- aseguraba- experimentó tan profundamente la influencia de las masas, Perón fue el instrumento de las masas trabajadoras para realizar objetivos propios en una sociedad con su estructura arcaica estancada" [Puiggrós: 1958: 86 -el subrayado es mío-]. Al contrario de los relatos del 17 de octubre difundidos por el gobierno peronista en su momento, Puiggrós, como otros autores nacionalistas-marxistas, invertían el sentido de la narración y acentuaban la actuación espontánea de las masas obreras.

La clave de la lectura residía en la afirmación de que Perón hace lo que el pueblo quiere, repitiendo un dicho difundido por el gobierno luego de que el envío de tropas a Corea fuera rechazado en una manifestación pública. Más aun: "Perón es, en realidad, una parte del proceso o, mejor dicho, un producto del proceso, un instrumento del proceso" [Puiggrós: 1958: 168]. Nuestro autor criticaba la noción de bonapartismo, a la que califica de "dudosa exactitud histórica", y cita aprobatoriamente al propio líder cuando dijo que "es el movimiento obrero el que nos maneja a nosotros" [1958: 104].

El objetivismo de cierto marxismo funcionaba aquí como explicación de un proceso infalible de desarrollo de las fuerzas productivas y aumento de la conciencia de las masas que llevaría a un fin necesario del capitalismo. Puiggrós no cejó de repetir que el capitalismo estaba en su etapa final, que su agonía estaba próxima a finalizar.

La industrialización en los países periféricos no podría hacerse, sostenía, sin implicar la socialización de las empresas. Por ejemplo, era imprescindible el desarrollo de la industria pesada y la explotación de minerales a través del Estado. Compartía en este criterio una no siempre dicha convicción de las izquierdas según la cual estatización se aproximaba a la socialización. Este crecimiento sería parte del proceso de liberación y las fuerzas armadas, defensoras de los intereses nacionales, incubarían en su seno tendencias proteccionistas y revolucionarias, abandonando sus orígenes liberales para abrazar el nacionalismo popular.

La enseñanza más importante que la Historia crítica de la década del 60 debía demostrar era doble. En primer lugar, que la militancia revolucionaria no se podía hacer desde una exterioridad radical del movimiento peronista pensado como un frente de fuerzas nacionales. En segundo lugar, que la identificación absoluta con el movimiento y su líder poseía límites infranqueables sin una alteración de los rasgos ideológicos burgueses o burocratizantes. El fracaso del régimen en perpetuarse en el poder se debió a las deficiencias de su programa político, es decir, a la falta de una teoría revolucionaria como guía de la voluntad de transformación. Era imprescindible un teórico marxista, o una élite diestra en el conocimiento de la realidad y en su comprensión teóricamente fundamentada, para que el líder -cuya supremacía no se cuestionaba- realizara las tareas que las masas exigían. Esta era exactamente la misma conclusión a la que arribaba Jorge Abelardo Ramos en Revolución y contrarrevolución en la Argentina. En ambos casos, desde luego, los autores aparecían como los portadores de la claridad política que faltaba al líder carismático y que la clase obrera por sí misma no podía desplegar.

Por motivos económicos, Puiggrós vivió en México entre 1961 y 1965. A principios de 1966 no le fue renovada la visa y tuvo que permanecer en la Argentina. Intentó por esos años estructurar un grupo ideológico y militante con el nombre de Club "Argentina 66" que promovió el "Nacionalismo Popular Revolucionario", que sería la doctrina que necesitaba el peronismo que se mantenía entre el exilio del líder y el amor de las masas proletarias. Sin embargo, el proyecto fracasó pues el conductor tenía sus ideas propias, y la conflictividad social argentina se resolvía más allá de las querellas ideológicas de grupos independientes. En esos años Puiggrós reescribió y publicó por separado las partes que compusieron la Historia crítica [confrontar la bibliografía infra]. Sus puntos de vista fundamentales no sufrieron alteraciones graves.

En 1973 el peronismo volvió al poder con la presidencia de Héctor J. Cámpora. Entonces Puiggrós, con el apoyo de la izquierda peronista y el movimiento estudiantil, fue nombrado rector interventor de la Universidad de Buenos Aires. Su gestión se extendió entre el 29 de mayo y el 2 de octubre de 1973. Puiggrós impulsó un conjunto muy extenso de medidas destinadas a incluir a la universidad en el proceso de "liberación nacional" reiniciado luego de 18 años de proscripción del peronismo.

El regreso de Perón al poder, cuatro meses después de la asunción de Cámpora, canceló su participación en las instituciones, pues ello implicaba el desplazamiento de toda la izquierda peronista a favor de los sectores verticalistas del movimiento. El clima era de extrema tensión, y luego de la muerte de Perón en julio de 1974 los grupos parapoliciales de la derecha peronista y las organizaciones armadas de la izquierda peronista y no peronista se enfrentaron abiertamente. A fines de septiembre de ese año Puiggrós tuvo que exiliarse en México.

Allí se integró a los sectores exiliados, encuadrándose en Montoneros, la organización armada en la que combatía su hijo Sergio, que sería asesinado por las Fuerzas Armadas en 1976. Puiggrós volvió a trabajar como periodista en El Día y como profesor en la UNAM, como en los años 60. Su tarea fundamental era, sin embargo, la que desempeñaba en el Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino [COSPA] que estuvo pronto identificado con la guerrilla peronista montonera. Con la afluencia de nuevos grupos de exiliados una vez ocurrido el golpe militar de 1976, surgieron diferencias entre las distintas vertientes políticas, e incluso en el seno de los sectores peronistas. La preocupación principal del último Puiggrós fue la denuncia de las atrocidades de la dictadura argentina y el apoyo a las luchas populares que se producían en América Latina, y especialmente en Centroamérica.

Puiggrós falleció en Cuba, en noviembre de 1980. Su salud estaba resentida por la diabetes y el dolor producido por la muerte prematura de su hijo. Se le tributaron numerosos homenajes en el exterior. Sus cenizas serían trasladadas a la Argentina en 1987.

Coda

El gran tema de toda la obra y actuación de Puiggrós fue la forja de un entronque entre la voluntad nacional-popular que cohesionara lo social y la revolución que instituyera un nuevo mundo. En el período comunista, el nacionalismo no estuvo ausente entre sus herramientas discursivas, pero estaba sitiado por la sujeción del Partido a las políticas más generales de la Comintern. Por otra parte, la debilidad de los partidos marxistas para construir hegemonía y realizar una "reforma moral" de la sociedad civil obstaculizaban la masificación del movimiento revolucionario. Frente a esa impotencia, se situó la imposibilidad de transformar una ideología nacional y popular como el peronismo en la antesala del socialismo.

Puiggrós supo en 1945 que la peronización de la clase obrera era el punto de partida de toda política revolucionaria. La comprensión historiográfica también debía recuperar los movimientos de masa que habían enfrentado al imperialismo, incluso si sus banderas no eran socialistas. Puiggrós comprendió en 1955 que fuera del movimiento peronista no era posible actuar eficazmente. No se adscribió totalmente al peronismo sino hasta 1972 en que decidió afiliarse. Nunca abandonó su marxismo, si bien cuando fue funcionario universitario tuvo que eludir una clasificación que lo debilitaba frente a las fuerzas derechistas hostiles. Tampoco fue un peronista tout court: más bien prefería llamarse un peronólogo.

Como historiador forjó algunas narraciones sumamente eficaces en los debates culturales y políticos entre 1940 y 1980. Con De la colonia a la revolución organizó el problema de la nación y el mercado, que vertebró las discusiones posteriores de la historiografía de izquierda; con la Historia crítica de los partidos políticos, estableció un relato de los fracasos de la izquierda "antinacional". Gran polemista y revolucionario inclaudicable, se encontró varado entre la impotencia y la imposibilidad referidas. Pero eso no impidió que participara activamente en las luchas del conflictivo siglo XX argentino que le tocó vivir. Hacia el final de su vida proyectaba escribir un último libro, autobiográfico, que se titularía El hijo del inmigrante. En esa narración de la que quedaron sólo algunas pocas notas, recorrería décadas apasionadas, trágicas, e inolvidables.

Bibliografía de obras citadas

Abelardo Ramos, Jorge. Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Buenos Aires: Amerindia, 1957.
Palacio, E. Historia de la Argentina. Buenos Aires: Peña Lillo, 1975 [1ª. ed. 1954].
Puiggrós Rodolfo [seudónimo: R. del Plata]. "Constantin Derchawin". Claridad 136 [1927].
". "Keyserling en idea y en persona". Nosotros 241[1929].
". "México y los curas". Claridad 147 [1927].
Puiggrós Rodolfo. Argumentos 1 [1938].
". De la colonia a la revolución. Buenos Aires: Partenón, 1949.
". A ciento treinta años de la revolución de Mayo. Buenos Aires: A.I.A.P.E, 1940.
". "Para Alberdi, el caudillismo era instrumento indispensable". Diario Crítica [25-8-41].
". Historia crítica de los partidos políticos argentinos. Buenos Aires: Hyspamérica, 1986.
". El peronismo: sus causas. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1969.
". El proletariado en la revolución nacional. Buenos Aires: Sudestada, 1968.
Sin firma. "Lo nacional y lo internacional en la evolución histórica argentina". Orientación [24-5-39].

Bibliografía del autor
[Sólo se indica la primera edición]

Puiggrós, Rodolfo. La locura de Nirvo. Buenos Aires: M. Gleizer, 1928
". A 130 años de la revolución de Mayo. Buenos Aires: A.I.A.P.E, 1940.
". De la colonia a la revolución. Buenos Aires: A.I.A.P.E, 1940.
". La herencia que Rosas dejó al país. Buenos Aires: Problemas, 1940.
". Mariano Moreno y la revolución democrática argentina. Buenos Aires: Problemas, 1941.
". El pensamiento de Mariano Moreno. Selección y prólogo. Buenos Aires: Lautaro, 1942.
". Los caudillos de la revolución de mayo. Buenos Aires: Problemas, 1942.
". Rosas el pequeño. Montevideo, Pueblos Unidos, 1943.
". Los utopistas. Selección e introducción. Buenos Aires: Futuro, 1945.
". Los enciclopedistas. Selección e introducción. Buenos Aires: Futuro, 1945.
". Historia económica del Río de la Plata. Buenos Aires: Futuro, 1945.
". La época de Mariano Moreno. Buenos Aires: Partenón, 1949.
". Historia crítica de los partidos políticos argentinos. Buenos Aires: Argumentos, 1956.
". Libre empresa o nacionalización de la industria de la carne. Buenos Aires: Argumentos, 1957, 2ª ed., 1973.
". El proletariado en la revolución nacional. Buenos Aires: Trafac, 1958.
". La España que conquistó al Nuevo Mundo. México, B. Costa-Amic, 1961.
". Los orígenes de la filosofía. México, B. Costa-Amic, 1962.
". Génesis y desarrollo del feudalismo. México, Trillas, 1965.
". Pueblo y oligarquía. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965.
". El yrigoyenismo. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965.
". Integración de América Latina. Factores ideológicos y políticos. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965.
". Juan XXIII y la tradición de la Iglesia. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1966.
". Las izquierdas y el problema nacional. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1967.
". Las corrientes filosóficas y el pensamiento político argentino. Buenos Aires: IPEAL, 1968.
". La democracia fraudulenta. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1968.
". El peronismo: sus causas. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1969.
". Argentina entre golpes. Buenos Aires: Carlos Pérez, 1969.
". América Latina en transición. Buenos Aires: Juárez Editor. 2 vols, 1969.
". A dónde vamos, argentinos. Buenos Aires: Corregidor, 1972.
". La Universidad del Pueblo. Buenos Aires: Ediciones de Crisis, 1974.

Bibliografía sobre el autor

Amaral, Samuel. "Peronismo y marxismo en los años fríos. Rodolfo Puiggrós y el Movimiento Obrero Comunista, 1947-1955". Investigaciones y Ensayos. Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia, 2000.

Kohan, Néstor. De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano. Buenos Aires: Biblos, 2000.

Plá, Alberto J. Ideología y método en la historiografía. Buenos Aires: Nueva Visión, 1972.

Omar Acha
Revisión Técnica: Adrián Celentano
Actualizado, julio 2005

© 2003 Coordinador General para Argentina, Hugo Biagini. El pensamiento latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital, iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos. Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos que en cada caso correspondan.

Fuente: www.ensayistas.org


Rodolfo Puiggrós, Perón y los Habsburgo

Por Néstor Miguel Gorojovsky

En su prólogo a "La España que conquistó el Nuevo Mundo", dice Pedro Orgambide que Rodolfo Puiggrós "afirmaba que había que luchar en el peronismo no para su simple restauración sino para su transformación histórica. Esto no entendieron. Esto no entienden aún muchos de sus críticos, sobre todo los de la izquierda tradicional y aséptica.

‘Ésos que son vanguardia -como decía Puiggrós- pero de la que el pueblo no se entera’" ("Una tumba sin nombre", en Puiggrós, Rodolfo. La España que conquistó el Nuevo Mundo. 3ª. Ed. Buenos Aires, Retórica Ediciones. Editorial Altamira, 2005. Pág. 7.)

En efecto, Rodolfo Puiggrós fue la más lúcida expresión teórica del intento de transformar al peronismo, desde adentro (y en vida del General Perón), en un movimiento socialista revolucionario.

En eso, difirió radicalmente de las posiciones de la Izquierda Nacional, que siempre consideró que este intento no solo era históricamente imposible sino que además llevaría a un trágico desenlace en caso de tomar vuelo y visos de efectivización.

Esta disidencia táctico-estratégica fundamental no impidió a Puiggrós, sin embargo, abrir cátedras de la Universidad de Buenos Aires a Jorge Abelardo Ramos y Jorge Enea Spilimbergo.

En esto, hay que decirlo, actuó en contradicción muy dura con la opinión de su masa de apoyo de esos tiempos, pero en la misma línea en la cual se había ubicado el mismísimo Perón cuando designó a Puiggrós rector-interventor de la UBA: la de la amplitud y la generosidad en el debate político en el seno del campo nacional.

Podría decirse que muchos de los sostenedores de Puiggrós en dicho cargo fueron tan miopes en relación a la Izquierda Nacional y a ese gesto del rector-interventor como con respecto a Puiggrós lo había sido la "izquierda tradicional y aséptica" (de la cual no pocos de ellos habían surgido y se habían "peronizado" repentinamente, con solo una crítica superficial de sus prejuicios mitristas).

Lo que interesa, sin embargo, es que el rector interventor designado por Perón para la Universidad de Buenos Aires, en parte para sustentar sus propias posiciones, había venido librando una doble batalla contra (a) la ultraizquierda que -para defenestrar al peronismo- llegaba a "demostrar" el carácter "capitalista" de la América Latina colonial , y (b) contra los sectores que, dentro del peronismo, intentaban entroncar al movimiento en la representación de la feudalidad y el atraso de España, jugada que se contraponía -y contrapone- con el sentido profundo de un movimiento cuya raíz europea, si la había, estaba en los sectores populares españoles vencidos, en una larga pulseada de cinco siglos, por Carlos I (de España, pero V del Imperio césaropapista centroeuropeo), por Fernando VII, y por Francisco Franco en la Guerra Civil.

En todas esas instancias los representantes de la reacción antipopular española habían contado con apoyo inmenso de potencias extraespañolas.

En la década del 60, la polémica central se orientaba hacia la ultraizquierda.

La Agrupación Universitaria Nacional, reproduciendo textos publicados por la Izquierda Nacional en 1963 y agregándole un par de notas de Jorge Abelardo Ramos, mostraba que "la disputa sobre el crácter de la colonización española en América […] no reviste un carácter académico […]

Se trata de saber, en esencia, las consecuencias políticas que se inferirían si en efecto el pasado colonial de Hispano América ha dejado tareas nacionales y democráticas por resolver en nuestro tiempo" (Ramos, Jorge Abelardo "¿Capitalismo o Feudalismo?".

En: Puiggrós,. Rodolfo; André Gunder Frank; Jorge Abelardo Ramos. Polémica sobre los modos de producción en Iberoamérica. Agrupación Universitaria Nacional. Cuadernos Universitarios, ficha 2. Buenos Aires, sin fecha (circa 1974)

Esta frase, sin embargo, vale tanto para quienes argumentaban que la América Latina colonial era capitalista y por lo tanto, como explicaba Gunder Frank, la lucha contra el imperialismo debía iniciarse no con un frente nacional sino combatiendo a la propia burguesía, sino también -por más que en esos tiempos el adversario esencial fuera de "izquierda"- para quienes -entonces y hoy-pretenden negar que el movimiento nacional latinoamericano tiene que enfrentar dialécticamente la herencia retrógrada del período colonial, herencia cuya defensa _in toto_ suele asumir la forma de una defensa del "legado cultural y religioso" de España: este planteo, a juicio de la Izquierda Nacional, termina por enfeudar el movimiento nacional a los sectores más temerosos y traicioneros del propio campo, justamente los que hasta ahora han venido demostrando que en cada coyuntura clave defeccionan del combate.

Estos dos objetivos simultáneos se resumen en última instancia en una defensa consecuente de la originalidad de los movimientos nacional- democrático iberoamericanos, como lo era, entre otros, el peronismo.

A cumplirlos dedicó Puiggrós en 1964 su extraordinario -y ahora olvidado- "La España que conquistó el Nuevo Mundo".

Vistas ciertas posiciones que se siguen expresando al respecto, me parece que no viene mal que un miembro de la Izquierda Nacional recurra a un capítulo de ese trabajo para terminar de exponer el planteo nacional revolucionario en torno al verdadero carácter de la herencia hispánica de la Revolución Latinoamericana.

Puiggrós responde en ese libro, esencialmente, a la ultraizquierda que pretende ver "capitalismo" en la colonización del Nuevo Mundo para oponerse así a los movimientos revolucionarios reales de nuestros pueblos profundos.

Pero también da respuesta a quienes defienden, en abstracto y con argumentos espiritualistas, el carácter "católico" de la herencia cultural iberoamericana.

Lo que dice aquí Puiggrós (y la Izquierda Nacional de Ramos y Spilimbergo siempre compartió) es que cuando se recurre a esos argumentos, conciente o inconcientemente no se defiende, en realidad, las enseñanzas del Señor de Nazaret, sino el modo específico que asumió el cristianismo en América Hispánica, en ristre de las lanzas, picas y espadas de los señores de Castilla, en las encomiendas y mitas, en las humeantes llamaradas de la Inquisición, y en los segundones castellanos que aquí se integraban ("América o la horca") al régimen señorial revitalizado por el oro americano.

En muchos de quienes plantean esa posición estamos ante una defensa indirecta del inmovilismo social bajo la forma de una idealización del sistema de encomenderos y curas reaccionarios.

Pero fue ese sistema, justamente, el que hizo necesario, entre otras cosas, que aparecieran movimientos como el peronismo para terminar con su pesada y triste herencia.

De donde nos parece un contrasentido filiar en los Austria al peronismo (y menos aún a toda construcción patriótica del campo latinoamericano).

Puiggrós demuestra, sin dejar lugar a dudas, que lejos de ser "monarcas españoles", los Habsburgo fueron "monarcas universales", impuestos al pueblo español por una conjura reaccionaria que lo obligó a sufragar los delirios césaropapistas de la retrógrada casa imperial, asfixió todas sus energías revolucionarias, lo redujo a la peor de las miserias, terminó intermediando entre los herejes que decía combatir y las riquezas americanas, y recién se hizo "española" cuando "España" pasó a ser sinónimo de "atraso" y "contrarrevolución".

No hay idealización "culturalista" que pueda negar estos hechos básicos, concretos y quizás poco espirituales pero muy definitorios de la herencia de los Austria.

El General Perón no solo combatía la herencia de los Austria cuando se reía de los "piantavotos de Felipe II" (a los que, por lo demás, y con buen criterio, amparaba bajo su ala).

Lo hacía también cuando se veía obligado a reiterar que "en la Argentina hay una sola clase de hombres, los que trabajan": allí estaba librando una batalla contra la perversa herencia rentística y antinacional que nos dejaron esos reyes en los cuales muchos desean filiar la quintaesencia de España e indirectamente de nuestra América.

Se trata, muestra Puiggrós, de un error de perspectiva histórica.

Desde la lucha contra la asunción de Carlos como rey de España, el alzamiento de las ciudades de Castilla, el incendio de Medina del Campo, y la derrota de Juan de Padilla y sus comuneros en Villalar hay dos Españas (y dos catolicismos) en pugna.

La independencia americana es un capítulo de esa lucha, y no será filiándonos -aunque sea por oportunista omisión- en el campo enemigo que podremos forjar las armas que la hagan definitiva: las oligarquías divisionistas están dispuestas a ampararse bajo el manto de cualquier poder con tal de mantenernos separados.

Incluyendo el del Vaticano y el de una religión segregada de las masas populares por el carácter conservador y reaccionario de su origen histórico.

Se puede diferir en varios aspectos secundarios con el planteo de Puiggrós.

Pero lo esencial, creemos, es que su obra permite encarnar en la vida real toda abstracción culturalista que tiende a diluir con una ideología orgánicamente conservadora el carácter necesariamente revolucionario de los movimientos nacionales en Iberoamérica.

En el fondo, el intelectual de origen stalinista Rodolfo Puiggrós estaba argumentando a favor de la… teoría de la Revolución Permanente.

Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro@fibertel.com.ar

Fuente: http://es.altermedia.info


Rodolfo Puiggrós, el intelectual necesario

Por Osvaldo Vergara Bertiche

Un 19 de noviembre de 1906 nacía en Buenos Aires Rodolfo Puiggrós.

Alberto Carmena [en NAC&POP - Red nacional y popular de Noticias] reseña su vida diciendo:

"Sus estudios secundarios lo realizó en colegios religiosos y comenzó sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. En 1926 visitó con su padre la Unión Soviética, quedándose en Europa hasta 1928.

A su regreso, fundó el periódico "Brújulas", el periódico "Norte" en la provincia de Jujuy y la revista "Argumentos".

En 1932, junto con el pintor rosarino ANTONIO BERNI, realizan un estudio sobre el barrio prostibulario "Pichincha" de la Ciudad de Rosario, cuando imperaba la mafia con Chicho Chico, Ágata Galifi y el abogado Luchini.

Se afilia al Partido comunista, y forma parte de la ASOCIACIÓN DE INTELECTUALES, ARTISTAS, PERIODISTAS Y ESCRITORES [AIAIPE] que fundara en 1935 Aníbal Ponce.

En 1946 funda el MOVIMIENTO OBRERO COMUNISTA vinculándose al movimiento popular del General Perón, lo que le valió la expulsión del PC en 1947.

Desde 1947 a 1955 dirigió la publicación CLASE OBRERA, LIGADO AL MOVIMIENTO PERONISTA.

Fue redactor del diario CRÍTICA de Natalio Botana desde 1935 a 1955.

En 1956, no apoya el pedido de Perón de votar por Arturo Frodizi, aconsejando votar en blanco. Se enfrentó con Arturo Jauretche que apoyaba con Frondizi y Frigerio el voto positivo del peronismo.

Desde 1955 a 1961, participa activamente en la resistencia peronista a través de la organización ARGENTINOS DE PIE, que estaba dentro del COMANDO DE ORGANIZACIONES REVOLUCIONARIAS [COR] del General Iñiguez.

En 1959 viaja a la República Popular China, invitado por su gobierno.

En 1961 se autoexilia en México, donde permanece hasta 1967.

Fue profesor de la UNAM y cofundador del diario EL DIA y de su suplemento EL GALLO ILUSTRADO.

Hasta 1977 mantuvo una columna sobre temas internacionales. En 1971 visita al General Perón en la residencia de Puerta de Hierro en Madrid.

En 1973 es nombrado Rector de la Universidad de Buenos Aires, que comenzó a llamarse UNIVERSIDAD NACIONAL Y POPULAR DE Buenos Aires.

Crea el Instituto del Tercer Mundo con al dirección del padre Hernán Benítez, con Sergio Puiggrós, Dúmar [Tito] Albavi y Mario Hernández, entre otros.

Como su vida corría peligro por reiteradas amenazas de la triple A de López Rega, la organización Montoneros lo traslada a México con su compañera Delia Carnelli.

En 1975 apoya al PARTIDO PERONISTA AUTÉNTICO. Su hijo Sergio muere combatiendo como oficial de Montoneros en 1976.

En 1977 dirige la rama de PROFESIONALES, INTELECTUALES Y ARTISTAS del MOVIMIENTO PERONISTA MONTONERO, agrupando a Juan Gelman, Pedro Orgambide, Norman Brisky y Silvia Berman.

Luego se suman Pino Solanas, Rodolfo Walsh. Miguel Bonasso, Héctor Oesterheld, Paco Urondo y muchos más. Pasa a formar parte de la mesa de conducción del MOVIMIENTO PERONISTA MONTONERO con Yager, Perdía, Obregón Cano, Vaca Narvaja, Bidegain, Pereyra Rossi y Firmenich.

Fue fundador del COMITÉ DE SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO ARGENTINO [ COSPA] Cuando falleció era su secretario general. Fue sucedido por su esposa Delia.

También fundó el COMITÉ DE SOLIDARIDAD LATINOAMERICANA con Mario Guzmán Galarza de Bolivia, Gabriel García Márquez de Colombia, Pedro Vuskovic de Chile, Gerard Pierre Charles de Haití, Pablo González Casanova de México. Jorge Turner Morales de Panamá, Gerardo Carnero Checa de Perú, Carlos Quijano de Uruguay y otros.

Dirigió la EDITORIAL PATRIA GRANDE hasta su muerte". [En La Habana, Cuba, el 12 de Noviembre de 1980].

RODOLFO PUIGGRÓS NO TUVO NECESIDAD DE ESPERAR HASTA LA DÉCADA DEL SETENTA PARA ADHERIR AL PERONISMO

El Partido Comunista, con motivo de las jornadas del 17 de Octubre, en una "Declaración" fechada el 21/10/1945 y citada por Rodolfo Puiggrós en "El peronismo: sus causas", proclamaba:

"El malón peronista - con protección oficial y asesoramiento policial que azotó al país ha provocado rápidamente - por su gravedad - la exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República en millares de protestas.

Hoy la Nación en su conjunto tiene clara conciencia del peligro que entraña el peronismo y de la urgencia de ponerle fin. Se plantea así para los militantes de nuestro Partido una serie de tareas que, para mayor claridad, hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación política.

Por un lado, barrer con e! peronismo y todo aquello que de alguna manera sea su expresión; por e! otro, llevar adelante una campaña de esclarecimiento de los problemas nacionales, la forma de resolverlos y explicar, ante las amplias masas de nuestro pueblo, más aun que lo hecho hasta hoy, lo que la demagogia peronista representa. En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo, hasta su aniquilamiento.

Corresponde aquí también señalar la gran tarea de limpiar las paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas pintadas peronistas. Que no quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de reorganización democrática. Nuestras mujeres deben visitar las casas de familia, comercios, etcétera, reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas.

Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino".

Por su parte, e! periódico Orientación, órgano oficial del Partido Comunista dirigido por Ernesto Giudici, afirma:

"Pero también se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de desclasados haciendo de vanguardia del presunto orden peronista. Los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad no representan a ninguna clase de la sociedad. Es e! malevaje reclutado por la Secretaría de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población.

Desde Avellaneda salían las bandas armadas del peronismo, obedeciendo un plan de acción dirigido por el coronel y sus asesores nazis. El peronismo logró engañar a algunos sectores de la clase obrera, y esos sectores engañados fueron en realidad dirigidos por el malevaje peronista, repitiendo escenas dignas de la época de Rosas; y remedando lo ocurrido en los orígenes del fascismo en Italia y Alemania, demostró lo que era, arrojándose contra la población indefensa, contra el hogar, contra las casas de comercio, contra el pudor y la honestidad, contra la decencia, contra la cultura, e imponiendo el paro oficial, pistola en mano y con la colaboración de la policía que, ese día y al día siguiente, entregó las calles de la ciudad al peronismo bárbaro y desatado".

El Diario La Razón, también en esos días, publica una solicitada del Partido Comunista de la Provincia de Buenos Aires, denunciando:

"los desmanes de elementos peronistas de Cipriano Reyes y demás aventureros a sueldo de la Secretaría de Trabajo, que en bandas armadas han ido provocando a la población y obligando a los obreros a hacer abandono de sus trabajos. Tales hechos han sido denunciados al ministro de! Interior general Ávalos por este comité".

A esta posición realmente reaccionaria y antipopular se enfrenta Puiggrós y es expulsado del P.C.

Cabe señalar que también el Partido Socialista, el otro nucleamiento de la izquierda vernácula, publica en su periódico La Vanguardia, lo siguiente:

"En los bajíos y entresijos de la sociedad hay acumuladas miseria, dolor, ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad y sufrimiento.

Cuando un cataclismo social o un estímulo de la policía moviliza las fuerzas latentes del resentimiento, cortan todos las contenciones morales, dan libertad a las potencias incontroladas, la parte del pueblo que vive ese resentimiento y acaso para su resentimiento, se desborda en las calles, amenaza, vocifera, atropella, asalta a diarios, persigue en su furia demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación y dignificación".

La comisión gremial del Partido Socialista señala "las exteriorizaciones carnavalescas, desmanes y atropellos inicuos producidos en el paro, que fue ajeno a la decisión de los auténticos trabajadores organizados".

La Federación Universitaria de Buenos Aires [FUBA] alumnos dilectos de los "Maestros de la Juventud" al decir de Jauretche, sostienen orgullosamente "que se había dado una polarización de las fuerzas sociales en pugna: los sectores democráticos que concurrían a los despachos de la embajada norteamericana y los dirigentes gremiales y políticos pro peronistas que acudían a la Secretaría de Trabajo".

La "Inteligentzia" como la llamaba Don Arturo se cohesionaba y coincidía en términos de oposición, con la oligarquía agroexportadora, la burguesía expoliadora y la Embajada Norteamericana.

El Diario Crítica señalaba: "Grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino tratan de intimidar a la población".

Dice Norberto Galasso: "En la Nación, justamente del 17 de octubre de 1945, aparece este telegrama":

"La opinión democrática argentina coincide con la posición de Mr. Braden respecto del problema de la libertad en América y desea expresar que consideraría como una actitud amistosa para nuestro pueblo y nuestra democracia su confirmación como secretario de Estado adjunto para los asuntos latinoamericanos - . Comunicación cursada al Departamento de Estado de los Estados Unidos. Firman: Victoria Ocampo, Adela Grondona, Ana Rosa Schliepper de Martínez Guerrero, Juan Antonio Solari, Sara Alvarez de Ezcurra, Alejandro Ceballos, Raúl Monsegur, Bernardo Houssay y Mariana Sáenz Valiente de Grondona".

Rodolfo Puiggrós es el ejemplo del intelectual comprometido.

Funda en 1947 el Movimiento Obrero Comunista, se orienta hacia el nacionalismo popular y se vincula fuertemente al peronismo.

Participa activamente en las luchas del Movimiento Peronista, manteniendo siempre su decidida adhesión a las grandes mayorías que a partir del golpe gorila de 1955 enfrentaron a la reacción dictatorial.

Riguroso, hurgaba con precisión en la historia. "Marcó un futuro con el abordaje de temas como el capitalismo, la conquista de América, el descubrimiento de Moreno, el estudio crítico de Rosas en tiempos revisionistas, la necesidad de construir otro modelo de país y no una copia de España. Entender el siglo XX a través de los grandes movimientos nacionales".

Puiggrós cuestionó siempre desde sus libros, desde el periodismo, la cátedra y la acción política, todas las expresiones del liberalismo que asumían como propio el pensamiento eurocentrista.

Es así que coincide con los hombres que desde FORJA bregaron por la construcción de un proyecto nacional revolucionario, alejado de modelos que pretendían trasladar a los países periféricos las contradicciones entre las potencias occidentales y la Unión Soviética.

Siempre estuvieron ausentes del pensamiento de Rodolfo Puiggrós, tanto el "pensamiento único", como la autodesignación de "vanguardia revolucionaria", que siempre algunos adoptaron.

Es un "Legítimo heredero de las concepciones revolucionarias del nacionalismo popular latinoamericano, expresado desde la gesta sanmartiniana, bolivariana y artigüista por las montoneras federales rebeladas contra el proyecto de conformar en la región rioplatense una semicolonia pastoril, Puiggrós coincidió en la práctica con lo afirmado por José Carlos Mariátegui: - Todos los pensadores de Nuestra América se han educado en una escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza. La producción del intelectual del continente carece de rasgos propios -". [Martín De Ambrosio]

Y por ello planteó: "Las izquierdas comparten con el liberalismo y el nacionalismo de minorías el hábito mental de conceptuar conceptos, en lugar de conceptuar los hechos y la historia de la realidad argentina".

Hace 50 años:

En 1956, publica el libro "Historia crítica de los partidos políticos argentinos".

Esta obra es uno de los trabajos centrales en la vasta obra del intelectual orgánico que fue Rodolfo Puiggrós.

Es sin duda, una obra "maldita" para los reaccionarios de todo pelaje, ya que es un libro de reflexión para un público comprometido con el devenir histórico del país.

"Con una perspectiva materialista dialéctica, Puiggrós relaciona el contexto económico internacional con las peculiaridades locales para así rastrear las causas que impulsaron u obturaron el desarrollo de las fuerzas sociales y productivas de la Argentina.

El análisis del autor es minucioso y erudito; su prosa, incisiva, irónica y apasionada.

En - Pueblo y oligarquía - , el primer tomo, Puiggrós estudia el movimiento independentista y sus limitaciones, pasa revista a los años de la organización nacional, desmonta el funcionamiento de la Argentina oligárquica finisecular y analiza su progresivo resquebrajamiento".

Dice Puiggrós de su propia obra que "aspira a proporcionar al lector las premisas de un programa nacional de cambios sociales, dictado por las contradicciones del proceso concreto, programa que tiene que inspirarse [para no caer en la mezquindad de lo inmediato] en la ambición del hombre que conquista los espacios, arranca a la naturaleza sus íntimos secretos y descubre las leyes objetivas rectoras de la comunidad en que vive."

En el segundo volumen, - El yrigoyenismo -, estudia el ascenso de la Unión Cívica Radical al poder en su doble carácter de producto de la modernización capitalista y de movimiento popular de masas en reacción contra las formas que esa modernización asumía.

"En el tercer volumen, - Las izquierdas y el problema nacional -, Puiggrós se dedica al estudio de la tradición ideológica de los partidos Socialista y Comunista, y retrata el pensamiento y los principios políticos de Juan B. Justo y sus discípulos para luego centrar el análisis en el comunismo argentino, rígida y acríticamente adherido en su etapa inicial a las consignas de la Tercera Internacional".

"En el cuarto volumen - La democracia fraudulenta - , el autor desarrolla el intento de restauración del orden conservador y la crisis del modelo liberal, la penetración del capital monopolista, la oposición parlamentaria durante la década del ´30 y sus insuficiencias, acompañadas de las limitaciones teóricas y políticas de los partidos de izquierda".

"En el quinto volumen, - El peronismo: sus causas - , estudia los cambios en la estructura social argentina que posibilitaron el ascenso de Perón al poder. El autor describe la incapacidad de los partidos políticos de izquierda para comprender la dimensión del nuevo fenómeno, las nuevas orientaciones de la clase trabajadora y la reconstitución del movimiento popular en torno al eje peronista. Este último volumen de la colección, se cierra con los acontecimientos que culminaron el 17 de octubre de 1945".

Su obra comprendió unos treinta libros sobre historia argentina, latinoamericana e historia de la filosofía, entre los cuales se destacan "De la colonia a la revolución", "Rosas el pequeño", "La época de Mariano Moreno", "Historia económica del Río de la Plata" y "La España que conquistó el Nuevo Mundo".

En "Historia y Memoria Nacional en Argentina" Alberto Buela [Filosofo, Vicepresidente del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos], dice, entre otras cosas:

"Aun cuando se sabe - desde Aristóteles, pasando por Lineo hasta nuestros días- que ninguna clasificación es exhaustiva. No obstante la técnica de la clasificación sigue siendo la posibilidad más adecuada para ofrecer una visión breve y completa sobre el asunto a exponer.

En el tratamiento de la historia argentina pueden distinguirse grosso modo cuatro grandes corrientes historiográficas: la liberal u oficial, la revisionista o rosista, la liberal de izquierda o universitaria y la izquierda nacional o sincretista.

La corriente liberal caracterizada por la línea Mayo-Caseros es la que escribió la "historia oficial" de la Argentina. Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López son sus fundadores en el último cuarto del siglo XIX y la Academia Nacional de Historia con Ricardo Levene y compañía, ha sido su continuadora hasta nuestros días.

La corriente revisionista, como su nombre lo indica, es la que revisa la historia oficial, transformándose en su contrapartida.

Esta corriente se inicia con la reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas y tiene como antecedentes a Francisco Bilbao y su Historia de Rosas[1872] y a Adolfo Saldías con Historia de la Confederación Argentina[1892].

Pero el revisionismo como corriente historiográfica nace con el trabajo de Ernesto Quesada, La Epoca de Rosas [1898] que es cuando por primera vez se denunció la necesidad de superar el método lineal-positivista de la historiografía liberal.

Tanto Bilbao como Saldías tienen un propósito reivindicatorio, pero su método histórico es liberal, pues - ninguno de los dos consiguió desaferrarse de la sujeción estricta a la letra escrita -, en cambio Quesada establece, a través de su método, el festina lente, la diferencia entre la explicación liberal-positivista y la comprensión historicista. De modo que el aporte de la corriente revisionista no se agota en lo reivindicativo sino que se extiende a lo metodológico.

Esta corriente se continúa en la enciclopédica Historia Argentina de José María Rosa, en los ocho tomos de Vida política de Rosas a través de su correspondencia de Julio Irazusta, en la didáctica Historia Argentina de Ernesto Palacio y en múltiples historiadores vinculados al Instituto de Investigaciones históricas Juan Manuel de Rosas.

Las corriente liberal de izquierda o progresista nace más recientemente. Aun cuando se incuba antes, tiene su floruit después del golpe de Estado de l955 que derroca a Perón. Sus principales mentores son Tulio Halperín Donghi y Luis Alberto Romero, hijo de quien fuera rector de la Universidad de Buenos Aires con la "revolución libertadora", quienes se caracterizan ,obviamente, por su marcado antiperonismo.

Sus análisis históricos están signados por una diarquía de origen, pues aplican categorías marxistas pero entendidas sub specie política liberal.

Esta ambigüedad, tildada de demócrata y progresista, le ha permitido reemplazar a la "vieja historia liberal" en todos los programas de enseñanza de historia tanto en la escuela secundaria como en la universidad.

Finalmente tenemos la corriente de izquierda nacional, cuyos principales expositores, a diferencia de la liberal de izquierda, son pro-peronistas.

Posee un marcado tinte economicista en el tratamiento de la historia, propio de su marxismo de origen. Al que debemos sumar un alto contenido como "historia social". Es una corriente de clara y expresa vocación de integración continental iberoamericana. Sus principales exponentes y fundadores han sido Jorge Abelardo Ramos [Historia de la nación latinoamericana], Rodolfo Puiggrós [Historia crítica de los partidos políticos argentinos] y el pensador Juan José Hernández Arregui [La formación de la conciencia nacional].

Existe, en nuestra opinión, un antecedente ilustre de esta corriente en el historiador y sociólogo de principios de siglo don Juan Agustín García con su trabajo sobre la época colonial titulado La Ciudad Indiana [1900].

Ahora bien, ¿qué tienen que ver? y ¿cómo tienen que ver? estas cuatro corrientes historiográficas en la constitución de la memoria nacional de nuestro pueblo.

Estas son las cuestiones que debemos resolver.

Si como se dice, un problema bien planteado está ya medio resuelto. El problema de la existencia de las memorias nacionales se encuentra intrínsecamente vinculado con la existencia de los pueblos. O más precisamente, la existencia de los pueblos es la condición sine qua non de la existencia de las memorias nacionales. Porque el pueblo es el sujeto de esas memorias, en tanto que portador de retenciones no caídas en el olvido.

Claro está, para aquellos que niegan la existencia de los pueblos como sujetos históricos esta meditación carece de sentido. Pero como para nosotros lo tiene, definamos entonces, qué entendemos por pueblo.

Es el conjunto de hombres y mujeres unidos por una conciencia étnico-cultural [lengua y valores], de pertenencia a una comunidad determinada.

A su vez el concepto de nación se expresa en el proyecto político-cultural que un pueblo determinado se da en la historia del mundo. Por su parte, la nación adquiere existencia real, pasa de la potencia al acto, cuando es reconocida por la comunidad internacional. Esto es, cuando se encarna en un Estado, que es el que le ofrece el marco jurídico de su organización.

De lo contrario, queda en potencia, como el caso de la Gran Nación Hispanoamericana soñada por Bolivar, San Martín, Morazán, Melgarejo y tantos otros.

Vemos como el concepto de nación es, primero y antes que nada, una noción político-cultural, que adquiere un status oficial cuando se plasma en un Estado reconocido como tal. De modo, que según esto, la memorias nacionales van más allá de los Estados nacionales. Es por este motivo que nosotros podemos hablar con razón de la memoria nacional del pueblo iberoamericano.

Pero además, así como la idea de nación es anterior a la de Estado porque lo funda. Tiene primacía ontológica porque: Lo hace ser. La idea de pueblo tiene una prioridad histórica, pues el concepto de pueblo es históricamente anterior al concepto de Estado-Nación que es una categoría moderna. Es, sin lugar a dudas, el fruto político más logrado de la modernidad.

Luego de este desbroce de conceptos lo que queda claro es, que la memoria nacional tiene que ver con la memoria de los pueblos, que a su vez va más allá de las historias nacionales particulares, sobretodo en el caso iberoamericano. Ya tenemos, pues, una pauta. Toda corriente limitada a un "nacionalismo de fronteras adentro", de Patria Chica, poco y nada tendrá que ver con la memoria nacional. Ni que decir de aquellas corrientes que "Como nuestros cultos, al decir del poeta Homero Manzi, adscriben a todos los problemas y soluciones extrañas, y cuando intervienen en los nuestros, lo hacen como extranjeros".

Y si esto es así, respondamos, entonces, a las preguntas planteadas:
¿Qué y cómo tienen que ver las corrientes historiográficas argentinas en la memoria de nuestro pueblo?

La historiografía de corte liberal: En nada. Es un producto de la intelligenzia colonial anglo-francesa del siglo pasado que se encuentra en las antípodas valorativas de la memoria nacional de nuestro pueblo. Por otra parte, su propio método historiográfico de "sujeción estricta a la letra escrita" la inhabilita para incorporar ningún aporte de la memoria oral colectiva. Así pues, tanto ideológica como metodológicamente la corriente de corte liberal se encuentra escindida de la memoria nacional del pueblo argentino.

La revisionista se encuentra vinculada en parte a la memoria de nuestro pueblo. Sobretodo en el rescate del tema de nuestra génesis como nación. No nacimos en mayo de 1810 sino tres siglos antes. Y en la determinación de nuestros enemigos históricos: Inglaterra y Francia y la lucha de Rosas contra ellos.

La liberal de izquierda, no sólo nada tiene que ver, sino que además niega expresamente la memoria popular.

En definitiva, es un subproducto no sólo de la vieja corriente liberal a la que se le suma un visceral antiperonismo, que desde la cátedra universitaria, sea argentina, estadounidense o europea no habla ya sobre lo que fuimos sino acerca de lo que debemos ser. Es una visión totalmente ideologizada en favor del ideario del socialismo democrático internacional.

Finalmente la corriente de izquierda nacional, algo tiene que ver con la memoria de nuestro pueblo. Sobretodo con su tarea de rescate histórico de pertenencia de la Argentina a la común Patria Grande hispanoamericana y en la explicitación de los mecanismos de explotación económica de las sociedades dependientes.

Resumiendo vemos que sólo el revisionismo rosista y la izquierda nacional tienen algo en común con la memoria nacional de nuestro pueblo. Sólo en la medida en que rescatan valores que conforman la memoria nacional de los argentinos como son su génesis hispano-criolla y explicitan sus enemigos. Al par que superando el huero nacionalismo del Estado-nación nos insertan en el destino común de la Patria Grande Hispanoamericana y muestran los mecanismos de la dependencia económica.

Ninguna clasificación es exhaustiva. De modo tal que, no escapará al lector atento, que existen un sin número de historiadores que realizan su tarea al margen de las corrientes mencionadas.

Observará, también, que la distinción entre pueblo como sujeto de valores; nación como proyecto político cultural y Estado, es de singular importancia para determinar el emplazamiento de la memoria nacional en el pueblo como portador de retenciones no caídas en el olvido.

Se preguntará, entonces, ¿cómo constituyen los pueblos sus respectivas memorias?. Respondemos que a través de la conservación de sus vivencias y luchas por existir y de sus valores transmitidos de generación en generación. Lo que en buen castellano se denomina tradición. Esto es, la transmisión de algo valioso de una generación a otra

De modo tal que las corrientes historiográficas participan en mayor o menor medida en la memoria nacional de los pueblos, en tanto y cuanto participan en la explicitación de las vivencias y valores que un pueblo retiene como propios".

La coherencia ideológica de Puiggrós lo hizo estar siempre: del lado de la Nación frente a los designios de los centros internacionales de poder; del lado de las mayorías populares frente a los proyectos elitistas; del lado de la realidad frente a los iluminados y mesiánicos; y por estos motivos confrontó con las ideas del nacionalismo conservador, de la izquierda estalinista y del liberalismo.

Desde la memoria llega este Homenaje a cien años del nacimiento de Rodolfo Puiggrós y a cincuenta de la publicación de "Historia crítica de los partidos políticos argentinos".

Luchador incansable del pensamiento, la palabra y la acción, Rodolfo Puiggrós es el intelectual necesario.


Polémica entre Rodolfo Puiggrós y Arturo Jauretche

Fin de una polémica

Fuente: Revista Qué, 12 de agosto de 1957, por Rodolfo Puiggrós.

En el número anterior de QUÉ y anunciando que con ello hacíamos excepción que no podía repetirse, dimos cabida a notas de Arturo Jauretche y Armando Crigna, de encendido tono polémico. Rodolfo Puiggrós sintiéndose aludido por aquéllas nos solícita cabida para su réplica, de la que damos los párrafos fundamentales. Al concederla así decidimos al mismo tiempo cerrar para siempre esta suerte de debates dejando constancia que las afirmaciones y los cargos que de uno y otro bando se formulan, corren por exclusiva cuenta de los autores sin que la revista tenga parte alguna, ni solidaridad con ellas. Juzgamos que esta suerte de despiadada lucha referida a lo personal no sólo es estéril sino que puede llegar a esterilizar gran parte del esfuerzo de la línea nacional y popular. Queda así clausurado, definitivamente clausurado, para nosotros y esperamos que para todos, este capítulo.

Doctor Arturo Jauretche:

Las columnas de la revista QUÉ recogen hoy, con la firma de un antiguo secretario suyo y presentado por usted, un lote de las calumnias e injurias que hace circular sobre nosotros, desde hace doce años y sotto voce, el aquelarre de los señores Codovilla y Ghioldi. Usted no da su nombre, ni nos nombra. Emplea la táctica de los discípulos del finado Beria. Insinúa, difunde y certifica sin dar la cara.

Usted me obliga, por primera vez en mi ya larga vida de lucha, a quebrar la norma de no hablar de mi mismo. Lo hago en nombre de mis compañeros y con la certeza de interpretar a centenares de compatriotas que han pasado por la misma experiencia que nosotros. Unos tienen el valor de mirar la realidad de frente. Otros permanecen sumisos y encadenados al cadáver de una secta.

Lo que tengo que decir de mí se reduce a poca cosa:

1° Ingresé muy joven al Partido Comunista, impulsado por el irresistible anhelo de justicia y fraternidad entre los hombres que, en aquella época, se pagaba con el renunciamiento a toda vida cómoda.

2° Desde el día inicial de mi militancia sentí que me movía en un medio estrujado por agudos antagonismos: el antagonismo entre los ideales revolucionarios, y las zancadillas para ocupar posiciones burocráticas, el antagonismo entre la sabiduría de los maestros del socialismo científico y la mediocridad de los despachantes de comunismo al menudeo, el antagonismo entre la rusomanía de una secta que se autoproclama “vanguardia del proletariado” y el espíritu nacional de los obreros argentinos. A pesar de intuir cuánto había de falso en esa militancia sobre bases tan artificiales, nos unía la solidaridad, la abnegación y el heroísmo de los afiliados de base que se suceden, mientras los dirigentes permanecen eternamente los mismos.

3° El cambio político del 4 de junio de 1943 abrió de golpe los ojos de muchos de nosotros. Comprendimos que las poderosas tendencias a la liberación nacional y a la justicia social que partían de las masas trabajadoras eran anuladas por la actividad reaccionaria de la secta codovillista. Tal comprobación se afirmó al ver a los dirigentes partidarios compartir la tribuna pública con los prohombres de la oligarquía y frecuentar las embajadas de los países imperialistas.

4° Al terminar la Conferencia Nacional del Partido Comunista de diciembre de 1945, después de cuatro días de deliberaciones que dieron por muerto y enterrado al histórico movimiento popular nacido el 17 de octubre de ese año, demostré desde la tribuna, sin pelos en la lengua, la traición de la secta codovillista, en medio del asombro y el terror de los delegados convertidos en estatuas de piedra.

5° No se dio a conocer una sola palabra de respuesta a mis críticas, ni a las coincidencias de otros compañeros. Los mariscales de la calumnia y profesionales de la intriga trataron de ocultar las divergencias. Ninguno de los compañeros, que comprendieron el contenido nacional-emancipador de la política inaugurada en octubre de 1945, participó en la campaña electoral que culminó con la derrota aplastante de la Unión Democrática. Fuimos desterrados de la vida partidaria, mientras Codovilla y Ghioldi preparaban en la trastienda sus mezclas repulsivas. Al producirse en enero de 1947 nuestra ruptura definitiva con la secta, los siervos y las brujas se arrojaron sobre nosotros para despedazarnos. No se nos ahorró ninguna infamia. Hasta se me esperó en la esquina de mi casa para matarme. Esa fue nuestra contribución a la causa del pueblo argentino, doctor Jauretche.

Dice usted, por intermedio de su secretario, que nunca tuvimos contacto con el peronismo, “sino con los órganos de represión policial del gobierno”.

No hay compañero del movimiento justicialista —no de esos que usted inventa— que ignore nues­tra contribución en libros, folletos, conferencias y el periódico Clase Obrera a la causa de las masas trabajadoras y a la definición y esclareci­miento de la doctrina nacional. Nuestra lucha no se ha interrumpido un instante desde 1945 hasta la fecha. No ocupamos cargos públicos. No tuvimos otros contactos con el gobierno anterior que los de carácter exclusivamente político. No pasamos la cuenta, doctor Jauretche, por los meses que nuestros camaradas estuvieron en las cárceles. No se apabulle por nosotros. Usted es el único culpable de su propio desbarranco.

No tenía necesidad de recordarnos lo que dijo desde “El 45” y su demolición del plan Presbich. Lo recordamos tanto más cuanto hoy lo vemos borrar con el codo lo que escribió con la mano. ¡Qué alto se colocó usted entonces! ¡Cómo se ha venido abajo! Porque todo el veneno, toda la ira y toda la infamia que vuelca sobre nosotros obedecen a una sola razón: a su fracaso. Los comicios del 28 de julio lo derrotaron y desenmascararon, doctor Jauretche. Usted lo sabe y, en vez de mirarse a sí mismo y criticarse, se las toma con nosotros.

Ya que usted no quiere escrutar las causas de su fracaso, le ahorraremos el trabajo. Dice en su libro Los profetas del odio (pág. 131): “Ni el proletariado, ni la clase media, ni la burguesía por sí solos pueden cumplir los objetivos comunes de la lucha de la liberación nacional”. Su información es incuestionable. Nadie, que no sea un torpe secretario, podrá admitir que el movimiento de liberación nacional se fragmente o se encierre dentro de una clase o sector social. Tiene que ser lo más amplio posible. Pero nuestras discrepancias comienzan cuando usted agrega que “el movimiento debe revestir la forma piramidal” y luego actúa como si la base de la “pirámide” -la clase obrera- tuviera que estar subordinada a la cúspide, o sea a la clase media o a la burguesía.

Porque el quid de la cuestión consiste en que ese movimiento no es estático, sino extraordinariamente dinámico. Dentro de él hay fuerzas sociales que se disputan la dirección, quiéralo o no usted. Por ejemplo: el voto en blanco fue el 28 de julio una manifestación de la independencia y del poder de la clase obrera y no un renunciamiento o ruptura del movimiento nacional liberador. En cambio, la exigencia de votar por el doctor X era la pretensión absurda de desviar a la clase obrera de sus cauces naturales libremente elegidos por ella como repudio a un régimen que siente totalmente hostil. Usted, doctor Jauretche, concibió su pirámide desde el punto de vista del interés de la burguesía y la clase media. Por eso su pirámide se derrumbó, como castillo de naipes, ante la decisión de la clase obrera. Y su fracaso será mayor si insiste en organizar el movimiento en forma piramidal sobre las espaldas de los trabajadores.

Usted convenció a sus amigos que soplándole al peronismo algunos caudillos flexibles y marginales —y sembrando la confusión— tenía ganada la partida. Demostró no haber aprendido nada de lo ocurrido en la Argentina desde 1944. Su impermeabilidad burguesa a todo lo que tenga algo que ver con el mundo obrero es absoluta crónica. Así como en 1944-46 le parecía inconcebible que de las luchas del proletariado pudiera nacer un movimiento de la envergadura del justicialismo, hoy no entra en su mollera la idea de que el futuro nacional descansa en la reorganización sindical y política de la clase obrera. No creyó en el voto en blanco porque no cree en la clase obrera, en torno de la cual se estructura la sociedad argentina del mañana.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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