Opinión

El Mal

Por Sacha Kun Sabó *

La levedad del tratamiento en los medios concentrados sobre “el caso del artesano Santiago Maldonado…” es la levedad con la que la ministra Bullrich habla del tema. Tal vez esta frivolidad no sea constitutiva de la maldad de este gobierno, sino seguramente una de sus dimensiones, pero la mass media argentina ya está acostumbrada, edulcorada, la vida cotidiana con un Santiago Maldonado desaparecido parece funcionar trivialmente en ese mar de crueldad supina. Se ha encontrado la herramienta justa para adormecer a gran parte de la sociedad, en todas las manifestaciones de violencia estatal. Pero también justificarla. Exacerbar esa dimensión social fulminante, inmediata del reprimir a ese otro que molesta mapuche, coya u opositor, es fomentar esa manifestación latente del fascismo en la argentinidad al palo. La misma sociedad que se siente cómoda con la teoría de los dos demonios. El gozo por la pulsión violenta, la del violento manifiesto o encubierto, el latente, el que susurra en las tinieblas. El gozo en la represión de maestros, de trabajadores, de militantes, de originarios, vista en la comodidad del sillón, la violencia a la distancia, así como se viven desde la CNN las noticias de Kosovo, Afganistán o Palestina, la muerte de un blanco en la lejanía. Esa misma violencia de los gendarmes, que no salpica y mucho menos mancilla la conciencia. La banalización del mal. No es Milagro Sala presa y torturada, es la noticia en el noticiario de Milagro Sala presa y disciplinada pero seguramente merecedora del castigo. No es Auschwitz, ni Treblinka es la película de Auschwitz y Treblinka, no es Santiago Maldonado es “el caso del artesano”.

Macri, Bullrich, Vidal, Morales son personas física y psíquicamente normales, simplemente poseen un lado sombrío, una idea pérfida y maliciosa como diría Primo Levi en la que “se extingue todo rastro de piedad por el otro” y donde “la figura humana deja de conmover”. Donde trasmiten un acostumbramiento a lo frecuente, lo terriblemente habitual que suele ser entre nosotros el mal. Han estructurado un nuevo modelo estatal, casi un estado de excepción, donde el genocidio por goteo hacia los sectores populares es plausible de violencia persecutoria. El presidente, y su mejor equipo, no son monstruosos, son sujetos comunes, que sólo hacen lo que les dicen hacer, ordenados por algún centro de poder vernáculo o importado. Con una forma burocrática, rigurosa y cotidiana, con la tranquilidad del hábito encarcelar opositores o desaparecerlos, da lo mismo. La certidumbre de “atarse los cordones,” la banalidad de la tarea cumplida. El sentimiento de “cambio” autista, de repetición represiva hacia toda alteridad posible. Por eso la marcha, por eso el reclamo de aparición con vida, porque cada vez que miramos para otro lado trivializamos lo ominoso, nos zambullimos en la futilidad, transigimos naturalmente con el mal. No hundirse en este mar de los sargazos, es un ejercicio personal, para no caer en el hipócrita estertor de cuando el mal toma el cielo por asalto. El desprecio socio-céntrico, hacia los pueblos originarios en particular y hacia lo popular en general, es algo frecuente, naturalizado, usual. Por eso no inquieta, cuando el estado se convierte en un mecanismo de eficiencia/eficacia represiva. Como no inquietó masivamente en la dictadura genocida. Para lograr cambios Videla y sus secuaces pusieron en marcha dichos mecanismos, pero para pensar su operatividad primero había que pensar en la construcción desde la prensa cómplice de una otredad peligrosa subversiva. Tal el caso actual de los Mapuche organizados como células terroristas financiadas desde Inglaterra o desde oscuros deseos territoriales trasandinos. Hay que lograr entonces la subsunción al orden establecido, al orden jerárquico tal como lo diría Chomsky “cuando se trata de construir un monstruo fantástico siempre se produce una ofensiva ideológica, seguida de campañas para aniquilarlo. No se puede atacar si el adversario es capaz de defenderse: sería demasiado peligroso. Pero si se tiene la seguridad de que se le puede vencer, quizá se lo consiga despachar rápido y lanzar así otro suspiro de alivio”. El dirigente PRO, el militante medio o el simple simpatizante se siente representado en este cosmos ideológico, filosófico y moral áspero y rudimentario, por ello, los desaguisados permanentes y sus permanentes pedidos de perdón como los de “meter preso todos los días un chico” o bregar por una “nueva conquista del desierto” generan una sonrisa. Cambiemos suele ver la psiquis del hombre común como un armazón relativamente tosco, ha descubierto la humanidad recientemente y por tanto al no ver sujetos sino objetos, no se ha decidido a concederles derechos, sino más bien a quitárselos. Este gobierno políticamente correcto, republicano en sus decires que declama su adhesión al “ni a una menos” puede reprimir salvajemente mujeres en un piquete, o torturarlas en Alto Comedero, Jujuy. El tosco estuco cambiemos de banalización, de trivialización de la ferocidad violenta, hacia las mismas mujeres que dice proteger. Las promesas de campaña de protección y cuidado a los originarios dadas a Félix Díaz se traducen en los feroces días de Esquel. ¿Quién fue el primer originario víctima de la conquista del desierto? ¿quién fue el primer desaparecido de la dictadura genocida? ¿acaso importa? Con más continuidades que rupturas, esa misma clase de entonces y de ahora, la de cambiemos, ha logrado manchar la democracia, esa que tanto nos costó conseguir. El mal de saber que uno de nosotros no está. Con nombre y apellido Santiago Maldonado no está.

* Asesor Honorable Congreso de la Nación. Rector Fundación Universitaria Popular de Escobar.

20/08/17 P/12
 


 

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