Las vías abiertas de América Latina

Final abierto

La posibilidad, ya concretada en algunos países, de una restauración neoliberal en toda el continente
latinoamericano no significa el fin de un ciclo progresista a futuro pero sí vuelve ineludible la necesidad de abrir un campo de reflexión crítica acerca de los proyectos impulsados en la región en las últimas décadas.

Las vías abiertas de América Latina, siete ensayos de Emir Sader, Álvaro García Linera y Ricardo Forster, entre otros autores, es un paso importante en la posible apertura de un debate amplio y regional.

Por Gabriel D. Lerman

“También el hecho de menospreciar procesos de cambio más atados a liderazgos que a partidos, de no comprender cabalmente el fenómeno del populismo latinoamericano, y el de haber sido, por suerte, constructores de teoría al mismo tiempo que estábamos en el corazón de la praxis, contribuyeron a que no exista un corpus de ideas más o menos sistematizado sobre lo que fue el giro a la izquierda en la región. Esto ocurre en circunstancias en las que ya deberíamos estarnos preguntando cómo afrontar la reacción conservadora que se está procesando en muchos de nuestros países”, reflexiona la uruguaya Constanza Moreira, senadora del Frente Amplio y ex precandidata presidencial en las internas de su coalición en 2014. Reflexiones a subrayar y cotejar ofrece el artículo de Moreira y los de otros dirigentes e intelectuales destacados de la región como Alvaro García Linera, Emir Sader, Alfredo Serrano Mancilla y Ricardo Forster, que integran la compilación Las vías abiertas de América Latina, editada por la UMET bajo la coordinación de Carlos Girotti. Pensar, historizar, realizar balances, refundar la política, todo esto suscitará, desde ahora, la última década en América Latina, parecen decirnos estos autores. Si bien estamos viviendo un momento de inflexión o declive, la caracterización del proceso también es política: no es lo mismo señalarla como “restauración conservadora”, como “fin de ciclo”, como “repliegue temporal” o, como prefiere decir García Linera, como un “proceso por oleadas revolucionarias”.

Sería demoledor y abismal liquidar el tema en pocas páginas, y los autores son conscientes de su doble condición de políticos y pensadores, algunos con mayor acento en uno u otro eje. Los temas que subyacen a esta obra colectiva, tan heterogénea como las referencias que emplean y aluden, son un llamado a la historia, a la economía, a las ciencias sociales, y también al ejercicio del periodismo o en todo caso ese flujo cotidiano de pequeñas informaciones y noticias que hoy recibimos y reproducimos por redes sociales, y que presentan todo el tiempo una reinterpretación del mundo en que vivimos. Porque cada presentación contenida en esta vías abiertas, que juega en su nombre con aquella obra de Eduardo Galeano de tanta pregnancia simbólica, alude a la larga construcción, muchas veces fallida, de un conjunto de naciones, de pueblos y destinos, alguna vez agrupados bajo la etiqueta “Patria Grande”. De eso se trata, parecieran susurrar todos por lo bajo. La dificultad radica en las velocidades, en los problemas específicos, en las particularidades, en el trazo que cada país ha significado como emergencia nacional, estructural y simbólica. Y en este sentido, tal vez el intento más original y preciso que deja este libro sobre la mesa del pensamiento actual latinoamericano, que podría dar el puntapié para un nuevo tipo de reflexión contemporánea, es el esfuerzo que hacen García Linera, Sader, Moreira, Ramírez y Guijarro, por apuntar logros y obstáculos, contextos y realizaciones de cada proceso nacional. Es decir, no rearmar de un modo automático la estela retórica de la patria grande que todo lo cubre y lo exime, sino ahondar el debate en los aspectos cruciales en los que pueden puntuarse medidas de gobierno, programas implementados, relaciones orgánicas entre Estados y movimientos sociales, procesos culturales abiertos, ampliación de derechos, dilemas de la concentración de medios y la convergencia tecnológica, en fin, modelos económicos de desarrollo y distribución social de la renta. En este sentido, y como ha sucedido en otros momentos cruciales del continente, sería de gran fertilidad y buen augurio, una invitación abierta y generosa al debate de parte de universidades, institutos, partidos, movimientos y fundaciones que aún tengan entre sus horizontes la construcción de ciudadanía y la ampliación de derechos políticos y sociales, a pensar los resultados pero también lo que subyace a todo el proceso, considerado en marcha o en suspenso. Sería deseable si existiera la voluntad y el espacio para ofrecer debates contundentes como los que en su tiempo protagonizaron José Martí, Manuel Ugarte, José Carlos Mariátegui, pero también Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, Juan Carlos Portantiero, José Aricó y todas las escuelas de la región albergadas en Flacso, Clacso y otros espacios institucionales de larga experiencia.

En algún sentido, el señalamiento de la inmersión en la historia concreta que presenta aquí y ahora Alvaro García Linera, en su rol de vicepresidente de la Repíblica Plurinacional de Bolivia, lo eximiría aparentemente de un debate de tenor académico, incluso muchos considerarían esto como una snobeada o un gusto para contertulios sin perspectiva. Sin embargo es García Linera mismo quien invita a producir un debate abierto y franco en cada idea que plasma, y no desde un pedestal o un púlpito gubernamental sino desde el foro social y político, la cátedra, el espacio público. Dicho lo cual, vale la pena contexctualizar que no siempre las condiciones para el debate son las más genuinas. En un apartado que lleva por título “Gramscialización de las estrategias de contrainsurgencia imperial”, denuncia que en los últimos cuatro años asistimos a un proceso de “agresión concéntrica que combina boicots económicos, ataques políticos internacionales, financiación de partidos políticos de derecha locales y carteles mediáticos de difamación y mentiras, con movilización social”. Y compara que así como hace tres décadas las fuerzas armadas norteamericanas leían El arte de la guerra de Sun Tzu, hoy leen los textos gramscianos debido a “la preponderancia de las batallas culturales en el nuevo escenario de disputa del poder continental”.

Cuatro son los logros de la última década para García Linera: la ampliación de la democracia política, la redistribución de la riqueza común y ampliación de la igualdad social, el ensayo de formas posneoliberales de gestión de la economía y administración de la riqueza, y la construcción de una internacional latinoamericana progresista y soberana. El subrayado de estos cuatro ejes, que abarcan la política, la cultura, la economía y las relaciones internacionales, bastaría para introducir una agenda caudalosa de debate. Cada eje despliega a su vez gran cantidad de subtemas y aspectos. Mantiene, en esa línea, semejanzas con el artículo de los ecuatorianos Ramírez y Guijarro, y el venezolano Serrano Mancilla. No es casualidad que esos balances desplieguen una grilla amplia y abarcadora de lo social, lo político y lo económico, dado que resultan sobreimprimirse en procesos donde la radicalidad de los cambios presenta mayor hondura. Diferente es el caso de Brasil y Uruguay, y con otros matices, Argentina. Sin embargo flaco favor se le haría a la complejidad e incluso a la praxis política, si se adoptaran las etiquetas fáciles de populismos duros o blandos, socialismos democráticos, progresismos instituyentes o institucionalistas. Emir Sader puntualiza sobre Brasil: “El gobierno no buscó transformar las estructuras de poder heredadas del neoliberalismo, ni el poder del capital financiero, ni el del agronegocio, ni el de los monopolios en los medios de comunicación. Es cierto también que en aquel momento, no se tenían las fuerzas necesarias para ello, pero el gobierno tampoco se propuso generar las condiciones para poder hacerlo en el futuro. El éxito de las políticas sociales y el liderazgo de Lula disminuyeron -hasta cierto punto y hasta cierto momento- los efectos negativos de esas estructuras que se mantenían”. Ricardo Forster señala la necesidad de pensar hasta qué punto la experiencia del kirchnerismo es heredera y crítica del movimiento creado hace más de setenta años por Juan Perón: “No para dirimir algo casi imposible de lograr, que es explicar la exuberante y contradictoria diversidad del peronismo, su paso tumultuoso por la historia nacional, sus logros y sus oscuridades, sino para romper ciertos prejuicios a la hora de realizar un balance productivo y crítico de esta última década en la que tantas cosas ocurrieron cuando ya nada presagiaba que la historia iba a recomenzar”. Y adentrándose en una zona más polémica que recoloca la política argentina en la tradición progresista, al referirse a la derrota de 2015 y a la restauración neoliberal emprendida desde entonces, Forster se pregunta sobre el kirchnerismo: “¿Acaso fue el último nombre posible para una apuesta emancipadora en un país que vuelve a girar hacia la derecha regresando a su oscura gimnasia de la repetición? ¿Acaso se replicó con el kirchnerismo aquello que de Alfonsín dijera Pancho Aricó, cuando sostuvo que había estado ‘a la izquierda de la sociedad’?”.

Dos o tres núcleos históricos se agolpan y conviven en las referencias que realizan los dirigentes y pensadores políticos reunidos en este libro, y cada núcleo ofrece una mayor dificultad aún. En primer lugar, la idea de América Latina o patria grande heredada de los tiempos de la independencia, con las grandes figuras patrióticas de los próceres y padres fundadores: Bolívar, San Martín, Artigas. En segundo lugar, las relaciones que se establecen con las etapas nacionales de mediados del siglo XX, aunque muy matizadas en estos artículos, y el llamado populismo latinoamericano: Vargas, Perón, Cárdenas, Paz Estenssoro. En tercer lugar, lo que tanto Sader como García Linera, de manera escrupulosa, aún denominan los gobiernos progresistas y nacional populares posneoliberales, emblematizados en las figuras de Chávez, Lula, Kirchner, Correa, Evo y Mujica. No es fácil realizar balances o ensayar memorias cuando los procesos aún están abiertos, cuando el fragor de la lucha lo dificulta o cuando la madeja de compromisos e intereses creados abduce la crítica. Sin embargo, es imposible pensar que una década como la pasada hubiese tenido lugar sin una larga construcción conceptual, política y cultural que sobrevino en el tiempo a la derrota popular de los años setenta, y que se apoyó en una búsqueda modernizadora e incluyente a la vez que, desde los años ochenta, viene pensando a la región sin renunciar a la democracia ni a la igualdad.


Las vías abiertas de América Latina Emir Sader, Álvaro García Linera, Ricardo Forster y otros autores. Octubre 304 páginas.


Disponible en Librería Santa Fe


 

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